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jueves, 24 de julio de 2008

Psicópatas: El periodo de enfriamiento (Cooling off period)

Se denomina período de enfriamiento al lapso en que un psicópata o sociópata suspende su actividad ofensiva.

Esto no implica necesariamente una renuncia definitiva a aquello que tanto tranquiliza y satisface sus instintos destructores. Pero ¿qué podría llevar al psicópata a inhibir sus impulsos delictivos u homicidas durante un tiempo determinado?

Enamoramiento
La personalidad narcisista y monolítica del psicópata puede verse resquebrajada por el enamoramiento, el intento de adaptación a una vida “normal” podría tener éxito. El depositar momentáneamente esa libido yóica en alguien que no sea uno mismo, es posible en el psicópata. Por supuesto y en este caso ese amor no es un amor sano, si no patológico. Es el vínculo denominado del psicópata y su complementario, donde este complemento adosado a la personalidad psicopática cumple la función de eso, un complemento, ni más ni menos, pero no viene a completar, a llenar una falta, pues el psicópata no necesita completar nada y mediante el maltrato culpará al otro por su imposibilidad de igualarlo, ya que nadie, salvo quizás otro psicópata, en su escala de valores, tiene su misma entidad. En la alianza psicopática de criminales, como por ejemplo la de los alemanes Manuela y Daniel Ruda o el caso de los Belgas pedófilos Marc Dutroux y su mujer, aparece una exacerbación del sadismo, esto solidificó el vínculo entre ambos, pudiendo entonces unir cóncavo y convexo. De presentarse una competencia entre la díada, será para comparar y admirar a quien lleve a cabo el mayor despliegue durante la descarga de la tormenta psicopática.

En el caso del complementario, probablemente el sadismo descargado hacia él sea disminuido o se lo sustituya por otro complementario simultáneamente, ya que en estas estructuras es necesario un objeto. Objeto porque una de las características del psicópata es la cosificación de las personas, despojándolas de toda virtud, cariño, importancia, si la hubo fue hasta que pudo ser sustituida por otra, siendo entonces desechada como un mueble inservible. Puede que el psicópata que se enamore, simule mediante una doble vida, un vinculo aparentemente sano, jugando al rol de ser un hombre o mujer enamorado y buscando la descarga sádica en un complementario, ello, a modo de preservar el vínculo que sirve de cortina de humo para no ser descubierto. Veamos si no al austríaco Josef Fritzl, quien mantuvo cautiva en un sótano a su hija durante 24 años y con quien mantuvo una relación incestuosa, de cuyo fruto nacieron 7 hijos.

Quizás sus deseos de satisfacer su curiosidad de cómo sería vivir en pareja, lo lleven a experimentar la sencillez de una vida cotidiana. Pero no olvidemos que la estructura psicopática es justamente eso, una estructura, es decir un modo de ser en el mundo (MARIETAN), por lo tanto puede inhibirse pero muy difícilmente tolerar la paz durante mucho tiempo. Cabe destacar que estos vínculos se establecen gracias a la empatía utilitaria, pudiendo ponerse en el lugar del otro pero a efectos utilitarios, no vínculos amorosos, si no más bien con el objetivo de manipulación.

Temor a ser descubierto
Conciente de un error en su última actividad, haría que el psicópata desee congelar sus instintos de depredación. Aquí puede considerar necesario durante un tiempo el adaptarse a las leyes que rigen a la sociedad y actuar un personaje diferente, por supuesto a las normas las transgredirá cuando considere una oportunidad que lo amerite y poder pasar desapercibido mezclándose entre la gente. Su premeditación hará que mientras tanto planee, tantee el terreno y observe qué es lo que pasa a su alrededor, cual soldado en su trinchera aguardando el momento de volver a los viejos hábitos. Por otro lado existe la posibilidad de infiltrarse en las investigaciones, es decir cooperar voluntariamente haciéndose pasar por un ciudadano de buena fé, cumpliendo esto, el objetivo de seguir de cerca el avance de las investigaciones o desviarlas, así como también revivir el crimen. La posibilidad de una mudanza por parte del psicópata es también una de las posibilidades.

Perfeccionamiento de Modus Operandi
Las elucubraciones de nuevas estrategias y métodos para llevar a cabo delitos o crímenes podrían desembocar en una erotización del pensamiento. Vemos pues, como el placer obtenido con el acto, es desplazado y sustituído por la exacerbación de los procesos mentales agudizando el ingenio. Por lo tanto, la posibilidad de no capitalizar la experiencia, no es válida, en este aspecto, quizás su relación con otras personas sea siempre utilitaria, pero cuando se trata del perfeccionamiento para el desarrollo de conductas disvaliosas, su análisis de las situaciones, posibilidades y posterior ocultamiento, logran que cada vez se manejen con mayor sofisticación.

Planeamiento de un nuevo crimen o delito
El período de latencia favorecería su elección, contribuyendo a observar y estudiar al próximo objeto de su descarga o ambicionar un nuevo tipo de delito a cometer en modo escalonado, ya sea que de robo pase a estafa, hurto o de violación a asesinato, etc.

Enfermedad o muerte
El padecer trastornos clínicos relevantes que impiden la motilidad o discernimiento necesario para continuar con su actividad, no descarta la posibilidad de ejecutar manipulaciones maquiavélicas dentro de su círculo familiar aprovechando la lástima que sus convivientes puedan tener hacia ellos. Se ha sabido de casos de abuelos en sillas de ruedas abusadores de sus nietos infantes. Asimismo, por ejemplo suegras perversas manipuladoras que se valen de la condescendencia ajena, victimizándose para así poder sembrar discordia entre su círculo familiar primario o en las familias constituidas por sus propios hijos, logrando muchas veces la disolución de matrimonios u otro tipo de vínculo familiar.

Encarcelamiento
Por lo general la comunidad carcelaria lejos de reformar, corrompe. A veces las cárceles se convierten en establecimientos educativos de hábitos nefastos rigiéndose por la ley del más fuerte. Cabe destacar que muchas veces la reinserción del delincuente o criminal en la sociedad se ve estancada, pues los códigos carcelarios con los años, quedan adosados a los patrones comportamentales o delimitan su rol en los grupos. Estas pautas paulatinamente se van incorporando a la conducta, el individuo difícilmente pueda ser desarraigado de ellas y reeducado para lograr establecer vínculos sociales sanos. La ciencia de la criminología, podría contribuir con políticas de prevención dentro de las cárceles que apoyen estimulando la educación oficial, sublimación artística, disciplina deportiva, etc.

Carlos Eduardo Robledo Puch, uno de los mayores asesinos de la historia criminal argentina, preso desde 1972 y recluido en el pabellón de homosexuales, se insertó en la comunidad carcelaria de un modo peculiar. Manifiesta su deseo de no quedar en libertad a pesar de tener esa oportunidad legal; se ha convertido en un fervoroso predicador del evangelio, es decir logró sublimar sus pulsiones mortíferas, ello probablemente se deba a que ha presentado brotes psicóticos en los cuales asegura ser un enviado de Dios, pudiendo entonces presumir la posibilidad de no presentar una psicopatía como base primaria o en su defecto, una simulación de un cuadro psicótico.

Escrito por Maria Laura Quiñones Urquiza

mensrea-actusreus.blogspot.com/



miércoles, 23 de julio de 2008

CONSIDERACIONES CRIMINOLOGICAS SOBRE EL SINDROME DE ESTOCOLMO


Escrito por Maria Laura Quiñones Urquiza

En medicina, conocemos como síndrome a los síntomas que manifiesta padecer un paciente, sumados a los signos que se observan, siendo este conjunto (en el Síndrome de Estocolmo) de origen desconocido, aquí radica una de las diferencias principales con la enfermedad: el desconocimiento de la etiología.

El síndrome que nos ocupa no ha sido caracterizado con entidad diagnóstica propia en la última edición de 1995 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV), pero sí se lo reconoce como fenómeno psicopatológico de plataforma traumática: “En el que se induce al agredido a un modelo mental, de naturaleza cognitiva y anclaje contextual” (MONTERO GÓMEZ).

Podríamos definir al síndrome de Estocolmo como un trastorno emocional que se caracteriza por la justificación moral y el sentimiento de gratitud de un sujeto hacia otro de quien forzosa o patológicamente dependen sus posibilidades reales o imaginarias de supervivencia.


CAPTOR Y REHEN: COERSION, SEDUCCIÓN, MANIPULACIÓN


Este estímulo estresante externo coloca a la víctima en una posición pasivo agresiva frente a su victimario, desencadenando una reacción defensiva funcional nerviosa que hace actuar al innato y automático instinto de auto conservación: la señal de amenaza que recibe el cerebro se propaga por la ruta neuronal, recorriendo el sistema límbico hasta el complejo amigdalóide, regulador de las funciones instintivas y de defensa. La respuesta adaptativa sería la búsqueda de preservarse, en este caso frente a la anulación ilegítima de la libertad, al aislamiento; a la sorpresiva (¿por qué no traumática?) realidad de no poseer más el control de su propia vida, de enfrentarse a la posibilidad de la muerte, en otras palabras: quedar sometido por tiempo indeterminado al impredecible deseo de Otro (la mayúscula es mía).

Se establecería un enlace asimétrico pero empático y pseudofraternal, dando lugar en forma real o imaginaria a la posibilidad de seducir y manipular al perpetrador, buscando ser desestimado como potencial objeto de descarga de furia, torturas u homicidio.

En el caso del rehén, el ascender un escalón y conseguir tratar al delincuente de igual a igual, se logra con empatía; quizás el mecanismo defensivo de la negación le impida reconocer su condición de subordinado, conquistando su simpatía mediante el diálogo, la obediencia e integrándose finalmente como una pareja armónica.

Esta nueva dinámica entre la pareja penal, podría llevar a instaurar en el delincuente el desequilibrante sentimiento de pena en caso de tener que ejecutar a su ocasional rehén. Probablemente, el lazo desemboque en un inexplicable descuido subconsciente del delincuente, gracias al cual, el rehén escapa de su lugar de presidio.

Luego de ser liberados, la frialdad e imposibilidad de identificarse como víctimas, pone de manifiesto la disociación de aquellos que padecen síndrome de Estocolmo. Esta suerte de trance, traería consigo daños colaterales para la sociedad, entre ellos podríamos contar en algunos casos con simulados olvidos, no reconocimiento de fisonomía, vestimenta, voz, durante la rueda de reconocimiento policial o falsa descripción en el identikit, lo que obstruiría las investigaciones y facilitaría que el malviviente continúe su actividad delictiva como consecuencia de ese falso testimonio. Observemos como la relación asimétrica muta, patológicamente, en una de complicidad.

Este encubrimiento no obedece al temor por las posteriores represalias del delincuente, si no a algo mucho más profundo y que roza la esfera afectiva: una fase melancólica donde uno recuerda a aquel amigo que nos salvó la vida y a quien agradeceremos retribuyendo con el silencio. La imputabilidad de quien padece este síndrome podría ser puesta en duda.

Pueden padecer este síndrome personas cuyo desarrollo cognitivo cursa con normalidad, así como también sus posibilidades de representarse el consecuente peligro que la comisión de obstruir una investigación policial promete. Como víctima, requiere la asistencia psicológica o psiquiátrica para recordar, elaborar y poner en palabras la situación traumática, amén de las consecuencias del stress post traumático. Me pregunto si este síndrome ¿no será una defensa subconsciente para velar y retardar el estrés post traumático?.

La memoria es selectiva y normalmente las huellas mnémicas sufren alteraciones con el correr del tiempo, muchas de las alteraciones son cualitativas, es decir en su calidad, como por ejemplo Ilusiones del recuerdo, amnesias lacunares (parciales), etc.

En algunos países a la víctima se le brinda apoyo psicológico o el patrocinio de un letrado, no siendo parte del proceso judicial y teniendo las mismas obligaciones que cualquier testigo.

El Código Procesal Penal Argentino en su LIBRO SEGUNDO DE LOS DELITOS, Título I de los Delitos contra las personas, Capítulo XII y sobre el falso testimonio reza en su Art. 275, que será reprimido con prisión de un mes a cuatro años, el testigo, perito o interprete que afirmare una falsedad o negare o callare la verdad, en todo o en parte, en su deposición, informe, traducción o interpretación, hecha ante la autoridad competente.

Si el falso testimonio se cometiere en una causa criminal en perjuicio del inculpado, la pena será de uno a diez años de reclusión o prisión.

En todos los casos se impondrá el reo, además, inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena. (texto conforme ley Nº 23.077)

Los testimonios no son verdades absolutas por más idoneidad que tenga el testigo, ya que los hechos van a ser descriptos y empañados de subjetividad, consecuentemente pueden ser tendenciosos inconscientemente o sufrir la omisión de detalles importantes para el esclarecimiento de los hechos.

Aunque del testimonio de muchos testigos sobre un mismo hecho puede que se obtenga algún dato objetivo, derivado de que muchas subjetividades coincidan en que les fué impactante un detalle en general, aún así, solo se los puede considerar verdad auxiliar de la justicia. ¿Cuán confiable es entonces el testimonio de quien padece síndrome de Estocolmo?, ¿son imputables su error, omisión o deformación de los hechos?

La apresurada exigencia de dar testimonio, puede evidenciar la discapacidad momentánea para cumplir con el requerimiento de informar fehacientemente sobre los acontecimientos.



PSICÓPATA Y COMPLEMENTARIO: SEDUCCION, COERSION, MANIPULACION


Para el vínculo entre el psicópata y su complementario, haremos hincapié en que aquí en un principio no hay lugar a la relación asimétrica víctima – victimario, pues existe una satisfacción que la complementaria obtiene a cambio y que no le habría sido revelada hasta antes de conocer a su psicópata.

Analicemos el perfil de esta pareja, como por ejemplo la de una mujer golpeada o que padece un maltrato psicológico de larga data y a quien le cuesta desprenderse de la posición inferior a la que es sometida por su psicópata. Psíquicamente sitúa al Otro como un superior omnipotente, del que según ella, dependen su bienestar y en algunos casos el sentido de su vida. Así, se otorga para lo que él disponga: seducirla, opacarla, ridiculizarla, golpearla, seducirla, repito: para lo que su Otro disponga.

Anclada en ese vínculo patológico donde el peligro de perder a su redentor, vulnera la unidad de su Yo, queda a merced del Otro. Puede incluso permutar el sufrimiento, la humillación obtenida, en algo positivo que le permite mantener a ese motor gracias al cual ha podido superar barreras represivas, descubrir nuevas experiencias, encontrar satisfacciones distintas que no se hubiese atrevido a explorar, sin un particular sentido de libertad patrocinado por su psicópata.

El vínculo con esta suerte de parásito, la aísla en un pozo del cual es difícil emerger. La ruptura de esta dinámica garantiza un duelo, vivenciándose como sentimiento de culpa por correrse de la escena, por intentar convertir este círculo vicioso en virtuoso. El común denominador es el de no saberse objeto, cosa, instrumento, de no acusar este cachetazo al narcisismo. Difícilmente la decisión de finalizar esta relación provenga de la complementaria, pues su hastío, muchas veces se convierte en deleite gracias a la manipulación de su psicópata.

Algunas complementarias admiten encubrir delitos o crímenes por amor, y hasta llegan a cometer actos osados o contrarios a su ética de toda la vida.

Quizás el psicópata por aburrimiento decida finalizar el circuito, frente a lo cual irrumpiría el Síndrome de Estocolmo en la complementaria, ella queda enganchada a su recuerdo, a ese deseo inscripto, a esa dinámica y puede que solicite ayuda psicológica o con el tiempo encuentre un nuevo psicópata. Otra de las posibilidades es que intente resolver la incógnita de por qué ha sido abandonada, si ella ha hecho todo, absolutamente todo lo que él le pedía y aún así la dejó, pero ninguna de sus interpretaciones racionales pueden explicar este vínculo irracional, por ello probablemente, la complementaria en la búsqueda patológica de su re-equilibrio, se humille, ruegue, prometa lo que sea a cambio de volver son su psicópata y ante la negativa de éste, lo justifique avergonzada culpándose por no haberlo dado todo, pero lo raro es que para poder manipularla y controlarla, el psicópata hace mucho que la despojó hasta de sus seres más queridos, dejándola sin nada más a qué renunciar, salvo, a su condición de complementaria.



BIBLIOGRAFIA:

PSICOPATOLOGIA DEL SINDROME DE ESTOCOLMO, Un Ensayo Etiológico - Andrés Montero Gómez
EL COMPLEMENTARIO Y SU PSICÓPATA, Dr. Hugo Marietan – Editorial Ananké, año 2008.

Nuestro agradecimiento María Laura por su colaboración.




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