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lunes, 1 de marzo de 2010

LAS HUELLAS PSICOLOGICAS Y MOTIVACIONES DEL DELINCUENTE SEXUAL


Autora:
María Laura Quiñones Urquiza



Después de un ataque sexual, las víctimas experimentan traumas psíquicos irreparables, entre otras emociones negativas, aparecen el miedo, el sentimiento de humillación e incluso el terror. Pero éste, no es siempre el propósito que alberga la mente del delincuente sexual, que utiliza la agresión sexual como modo de expresión de otro tipo de sentimientos ante frustraciones y/o estímulos precursores estresantes. Quizás la adquisición de un patrón de conducta sexual temprana y/o sexualización de conductas no sexuales, llevan a un sujeto a no poder adquirir diques inhibitorios entre otras cuestiones, como por ejemplo, el haber sintetizado el sexo y la violencia durante el tránsito adolescente, ambas cuestiones fundamentales a resolver en esta etapa a fin de establecer relaciones adultas con el sexo opuesto y resignificar la sexualidad.

Estos antecedentes pueden constituir un modelo de relación con los demás, aún si el contacto social no presenta en principio un alcance negativo, mostrando una apariencia standard de “sujeto respetable” y adaptado socialmente, sorprendiendo a todos al momento de revelarse la identidad de un agresor que nunca aparentó, ni dio lugar a sospechas de tener tales apetencias, corriéndosele así lo que Harvey Cleckey llamó “la máscara de la cordura”.

El rol de la víctima para el victimario es la de sujeto, objeto o medio para conseguir algo, en este caso, una satisfacción emocional. Para comprender esto, es necesario depurar las conductas correspondientes al modus operandi o método para la ejecución del delito, de aquellas conductas que desprendidas de la interacción víctima-victimario, solo son necesarias para cumplir la fantasía del agresor, y que, por el principio de intercambio de Lockard, deja como impronta en la escena, el cuerpo o la psique de su victima.

La prolijidad en el modus operandi, es más efectiva en aquellos delincuentes que los perfiladores consideramos organizados, vale decir aquellos cuya conducta desviada provendría de una base psicopática y no de una base psicótica o trastorno emocional grave.


El ejemplo de un agresor que ingresa a una vivienda y en ella encuentra a una mujer sola, ama de casa y le ordena que llame a su marido al trabajo y lo haga venir a la casa con urgencia. El marido preocupado, regresa a su vivienda, se encuentra con el delincuente que procede a atar al hombre de pies y manos boca abajo sobre el suelo del living, coloca una taza con agua hirviendo sobre su espalda y le comunica que va a violar a su mujer en la habitación contigua, le indica que no se mueva, que no grite pues él vendrá a controlar si se han derramado gotas de agua sobre su espalda y de encontrarlas, los matará, luego materializa la amenaza mostrándole un arma de fuego que llevó consigo. Procede a acceder a la mujer en la habitación una sola vez y luego se retira de la escena. Notamos que el modus operandi ha sido organizado, pues refleja un seguimiento previo de estudio del estilo de vida y horario de las víctimas, un método de control con ataduras y uno de amenaza con un arma, pero la víctima real a quien el delincuente necesitó humillar no es la mujer, es el hombre, a él fue a demostrarle su poderío, a esto nos referimos cuando hablamos de huellas psicológicas y más aún de motivación principal que en este caso, no es sexual, si no más bien la accedida ha sido un medio para humillar al marido probablemente causado por la envidia. Otra de las conductas que sostienen este aspecto general de la firma, es decir la necesidad de afirmación de poder, es la taza con agua hirviendo a modo de ritual característico del agresor y que fue repitiendo con cada una de sus víctimas durante el tiempo que permaneció activo. El dejar a los maridos en paños menores, no tuvo una connotación sexual, si no más bien de modus operandi, ya esto le aseguró una huída rápida y efectiva sin ser perseguido.



Caso diferente es cuando el agresor es violento y ata, retiene, insulta o lesiona a su víctima, estas son conductas que si bien algunas como el atar, retener están orientadas al control y son necesarias para cometer el delito, el insulto y la lesión vienen a demostrar que para el delincuente, la víctima cumple el rol de objeto, revelando una motivación sádica o en algunos para reafirmar el poder, quizás, este presente también en una de las variantes conocida como la ira por venganza, que a veces es desplazada hacia una víctima desconocida.


El insulto o la lesión son innecesarias para cometer el delito, pero pasan a ser el leitmotiv para el agresor, vale decir que sin ello, la agresión no tiene sentido para él, ya que ésta es la satisfacción emocional que necesita obtener. El dualismo psique-soma no es producto de un pensamiento racional, si no que tiene un significado emocional, para muchas personas implica una suerte de lucha entre lo que sienten ser y perciben que su cuerpo refleja de ellos mismos y no les gusta, esto se observa en casos de variantes de automutilación del síndrome de Münchausen, Bulimia o Anorexia nerviosa, donde las lesiones autoprovocadas reflejan esta distorsión y no siempre rodean un borde. En el caso de agresores sexuales sádicos que mutilan a sus víctimas, hay una disociación entre “un otro” y el cuerpo que lo representa, tiene que ver con una proyección de lo que su cuerpo es para ellos mismos, y se refleja en el modo que el cuerpo de la víctima es maltratado, proyectando así, cómo debería estar maltratado su propio cuerpo. No es raro encontrar mordeduras en la víctima cuando los violadores sádicos o por ira se dejan llevar por el frenesí del momento, tampoco son extraños los actos de piquerismo que marcan zonas simbólicas del territorio corporal llegando al homicidio o a secuelas clínicas de gravedad.

Si bien en ocasiones la motivación es sexual e incluso violenta, no siempre tiene el color del sadismo, hace un par de años, escuché en las noticias el caso de un agresor sexual que seducía a sus victimas por Chat durante un tiempo aproximado de 2 meses, luego se encontraba con ellas, les invitaba un café, allí, procedía a doparlas haciendo una variante “soft” de anestesia previa de Brouardelle y las llevaba a un hotel alojamiento donde mordía sus genitales hasta sangrarlos y se retiraba de la escena. Al volver en sí las víctimas no recordaban el episodio, no experimentaron dolor al momento de cometer del delito, si no cuando volvieron en sí. Es indiscutible que el agresor tuvo una motivación sexual, pero no sádica ya que para él, no fue necesario escuchar gritos de dolor o súplicas, vemos acá como el modus operandi, nos revela que el agresor posee los conocimientos necesarios de farmacología para poder dopar a sus víctimas con la dosis justa, tomarse el tiempo necesario y sin dejar secuelas clínicas neurológicas, salvo las anatómicas que le son necesarias a él. Las 3 víctimas no tuvieron acceso carnal, pero para recrear su mundo favorito, el agresor necesitaba culminar su obra cumpliendo con la fantasía de ver genitales femeninos sangrado, lo que presumiblemente, nos haría pensar que padece hematofilia, al igual que Andreii Romanovich Chikhatilo. Se observa del mismo modo que cuenta con la habilidad suficiente para mimetizarse con el medio y premeditar el hecho. El seducir durante un par de meses a la víctima implica saber lo que esta necesita con empatía utilitaria (Marietan), pero sobretodo mucha paciencia, revelándonos que no es una persona que pierde el control antes del hecho, posee una apariencia que inspira confianza y un Modus Operandi con la sofisticación necesaria para conseguir desplazar voluntariamente a su víctima desde el punto de contacto, pasando por una escena intermedia (cafetería), finalizando en la escena primaria, es decir el hotel alojamiento donde ocurrió el hecho. Por la naturaleza sexual de su motivación, no es raro que en este caso, el agresor se lleve un trofeo que les recuerde ese momento, como por ejemplo fotografías o una pertenencia de la víctima, por supuesto esto último sin fines de lucro, si no más bien como un acto de enganche netamente psicológico. Su período de enfriamiento (Cool Off period) dada su avidez -tres víctimas en muy pocos meses- entre otras opciones, podría deberse a una sustitución parafílica.


Diferente es el caso de aquellos delincuentes que sólo buscan una pseudo intimidad con la victima tratándolas como sujetos, vale decir que se disculpan, no las insultan, si no que tienen la fantasía de que la víctima se enamorará de ellos cuando los conozcan “íntimamente”, esto se deriva de su motivación principal, que en este caso es la de reforzar su autoconfianza . Otros agresores, poseen distorsiones cognitivas, vale decir que mientras más la víctima diga “no”, él comprende que es “si”, muchos de ellos padecen trastornos graves de la personalidad, no siempre relacionados con la psicopatía.

A veces se refleja que la víctima es elegida por oportunidad, pero cumpliendo con un criterio simbólico que solo tiene sentido para el agresor y el perfilador. Este es el típico caso donde el agresor se lleva a modo de souvenir un objeto de su victima, por supuesto no con fines de lucro, si no más bien para rememorar el encuentro “romántico” que tuvo con ella. Puede incluso, intentar justificarse o disculparse con posteriores intentos de comunicarse con ella o dar su verdadero nombre o apodo sin proteger su identidad, incluso contarle datos de su vida. No es extraño que unos días después, merodee el lugar del hecho conmemorándolo. La conducta de estos agresores suele estar estimulada por pornografía con escenas pseudo-románticas, padeciendo voyeurismo, es por ello que al intentar implicarse en un rol activo, no cuentan con la potencia necesaria para una erección o eyaculación porque su parafilia, en ocasiones, se lo imposibilita.

La Agresión sexual por venganza, se refleja mayormente cuando el ataque es súbito y no planeado, el lenguaje es hostil y degradante hasta por demás, la fuerza física es brutal y el ataque es más bien de corta duración a diferencia de la motivación sádica que pretende alargar la modalidad de goce en este tipo de delito. La víctima si es desconocida, recibe un trato verbal sumamente violento y sucio porque en realidad, esta dirigido hacia otra persona a quien el delincuente no puede atacar, pero su necesidad psicológica le impele descargar y desplazar hacia la víctima. Estos delincuentes, al igual que los de motivación sádica, suelen poseer un alto coeficiente de alienación y su prognosis no es favorable, vale decir, que no será un único ataque luego de su período de enfriamiento emocional.

Veamos el caso de un delincuente que entra a robar durante la noche a un negocio cerrado, allí, encuentra a una de las empleadas y la accede carnalmente, su motivación principal ha sido el lucro, el robo, pero la violación en este caso puntual es de oportunidad y no un fin en sí misma, aunque la víctima experimentó el ultraje y todo las consecuencias psicológicas que esto trae.

Los agresores sexuales que actúan en grupo buscan la aserción de poder y la unión entre ellos, generalmente el líder indica a la víctima, pero suele ocurrir que un miembro del grupo experimente empatía hacia la víctima y en algunos casos es quien confiesa el hecho. Es una característica de la masa que sus miembros manifiesten un acrecentamiento del afecto y una inhibición del pensamiento, el grupo se retroalimenta y llegan a cometer actos osados con alto nivel de crueldad, probablemente, separados, sean menos ofensivos.



Bibliografía:

Freud, S. (1999) Psicología de las Masas y Análisis del Yo. Obras Completas Tomo XVIII. Argentina, Amorrortu Editores.
Ressler, R. y Shachtman, T. (2005) Asesinos en Serie. España, Editorial Ariel, Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia
Michaud, S. y Hazelwood, R. (1998) The Evil that Men Do. Estados Unidos St. Martin’s Paperbacks
Marietán, H., (2009) Curso sobre Psicopatía. Buenos Aires Editorial Ananké.
Canter D. y Youngs, D. (2005) Introducing Investigative Psychology. Reino Unido, Psychology and Law Capítulo 11.
Kepel, R. D. y Birnes, W.J. (1997) Signature Killers: Interpreting the calling cards of Serial Murderers. Nueva York Pocket Books.

viernes, 3 de abril de 2009

EL ABUSO SEXUAL ENTRE MENORES


Autor: Maria Laura Quiñones Urquiza


El problema existente del abuso sexual entre menores, se presenta en púberes o adolescentes que cursan o no con trastorno antisocial de personalidad y quienes por lo general, abusan sexualmente de niños con menor edad o alienados, ya sea intra o extra familiarmente. El común denominador del factor victimógeno tiene especial consideración, ya no por la marginalidad como suele pensarse, si no por su vulnerabilidad. La víctima puede ser abordada por un grupo, un menor de más edad, un menor que utiliza la seducción, el engaño, la amenaza o incluso la violencia, logrando el acercamiento con ataque y control, esto nos mostraría una temprana construcción de modus operandi, es decir de un método para cumplir una finalidad, que, no siempre se sabe lesiva y prohibida.

Cabe destacar que en algunos casos victimizar al agresor es algo que podría ser tomado en cuenta, debido no solo a la corta edad en que manifiestan estas conductas, si no que probablemente vienen a repetir conductas aprehendidas en sus entornos primarios o secundarios, ya sea de manera pasiva o visualizando películas adultas con escenas de sexo explícito, algunas acompañadas de violencia.

Muchos de estos menores son recluidos o dejados en libertad sin las posibilidades de un abordaje terapéutico, volviendo a los hogares donde han sido abusados o han cometido el abuso, convirtiéndose esta modalidad en un círculo vicioso del cual, sin ayuda profesional, es difícil una rehabilitación, siendo de esta manera un riesgo para terceros, ya que existen posibilidades de repetir esta conducta.

Puede suceder que estas conductas sean solo exploratorias o que formen tempranamente un patrón con el cual el sujeto, logra la verdadera satisfacción sexual mediante la violencia o la manipulación. No abarco acá el par antitético del sado-masoquismo donde hay un acuerdo implícito entre adultos, si no más bien al abuso sexual propiamente dicho.

Trastorno Antisocial de Personalidad

Criterios diagnósticos para el trastorno de personalidad antisocial según el DSM-IV. TABLA 1


Criterio A

A1. No hay adaptación a las normas en torno al comportamiento legal
A2. Desprecian deseos, derechos y sentimientos de los demás.
Engañan y manipulan para sacar provecho propio
A3. Incapacidad para planificar el futuro
A4. Irritables y agresivos (pelea física)
A5. Despreocupación por la propia seguridad y la de los demás
A6. Continua y extremadamente irresponsables
A7. Tienen poco remordimiento por las consecuencias de sus
actos

Criterio B
El individuo debe tener, por lo menos, 18 años

Criterio C
El individuo debe tener algunos síntomas de trastorno disocial de personalidad antes de los quince años

Criterio D
El comportamiento antisocial no debe aparecer exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o de un episodio maníaco


La sexualidad en la Adolescencia

Respecto a la adolescencia, Aberastury y Knobel dicen que no es una etapa estabilizada sino de proceso y desarrollo, llena de desequilibrios e inestabilidad extremos, lo que configura una entidad semipatológica denominada Síndrome Normal de la Adolescencia, este síndrome es perturbado y perturbador para el mundo adulto, pero necesario para que el adolescente pueda pasar a la siguiente etapa: la adulta.

La maduración de caracteres sexuales secundarios les impone el testimonio de la definición sexual del rol que tendrán que asumir. Asimismo, la multiplicidad de identificaciones contemporáneas y contradictorias, es una combinación inestable de varios cuerpos e identidades. A su vez, estas modificaciones corporales biológicas y los imperativos del mundo externo son vividos como invasiones donde además el adolescente se encuentra con la violencia y el poder, pero también los usa, la mayoría de las veces al revelarse con sus padres sustituyendo este amor hacia ellos -que primaba en la infancia- volcándolo hacia el grupo de pares o el de pertenencia, en algunos casos sectas. Aberastury y Knobel hablan de 4 duelos y diez síntomas. Específicamente el 6º síntoma aborda la Evolución Sexual Manifiesta que va desde el autoerotismo hasta ha heterosexualidad genital adulta, transición entre actividad onanista y la actividad genital.

Knobel platea que se produce en el momento de la adolescencia una exacerbación de la actividad masturbatoria, como un acercamiento al principio, en forma tímida hacia el sexo opuesto. En un principio se trata de un aprendizaje lúdico del otro sexo. Tiene carácter preparatorio, exploratorio, hay curiosidad sexual, inclinación a películas y revistas eróticas. Aparecen los enamoramientos en relación a figuras idealizadas que sustituyen a figuras parentales, son enamoramientos donde la otra parte ni se entera: grupos de fans; pueden existir en esta búsqueda episodios de homosexualidad transitoria, que luego servirán para reafirmarla o no.

Todas las modificaciones exigen al adolescente nuevas pautas de convivencia, los nuevos roles son vividos al principio como una invasión, esto lo lleva como defensa a retener muchos de sus logros infantiles.

En el adolescente y el psicópata la elección de vocación despierta angustias similares. Lo que traba la decisión no es la falta de capacidades sino la dificultad de renunciar, porque elegir toma el significado, no de adquirir algo, sino de perder lo otro.


Adolescencia Vs. Psicopatía

En la adolescencia, la aparición de los caracteres sexuales secundarios imponen el rol que tendrán que asumir, no solo en la unión con la pareja sino en la procreación. Esto exige el abandono de la fantasía de doble sexo implícita en todo ser humano como consecuencia de su bisexualidad básica. El psicópata como muchos neuróticos o psicóticos, fracasa en la elaboración del duelo y no llega a la identidad adulta manifestando muchos de estos síntomas (crisis, depresiones, identificaciones proyectivas masivas) sin modificación.

Cuando el adolescente adquiere una identidad, acepta su cuerpo y decide habitarlo, se enfrenta con el mundo y lo usa de acuerdo a su sexo. La conducta genital no se expresa solo en el acto sexual sino en todas las actividades, por eso en el psicópata el fracaso de identidad sexual se expresa también en todos los campos como por ejemplo en el de la vocación. En la psicopatía la simbiosis de roles identificados proyectivamente y asumidos total y masivamente en forma cruzada es un mecanismo defensivo.

El adolescente por el contrario, necesita estar solo y replegarse en su mundo interno, le es necesario ese recogimiento para desde allí salir a actuar en el mundo exterior. El psicópata necesita generalmente estar con gente, su forma de comunicación se da a través de la acción y necesita de los otros para realizarla. Además, por miedo a conocer su interior busca estar acompañado, para no sentir su propia soledad

En el adolescente la comunicación verbal adquiere singular significado, así como el pensamiento le permiten la elaboración de la realidad y adaptarse a ella, aparecen entonces las “jergas” lo que viene a unirlos en un mismo idioma separado del de los adultos. El psicópata tiene un insight defensivo sobre lo que el otro necesita y lo utiliza para su manejo, en el psicópata es manifiesta la compulsión de actuar y la acción no tiene el valor instrumental de adquirir experiencia, salvo para la evolución de su modus operandi.


Psicopatía

La psicopatía ha sido estudiada desde siempre, al igual que la delincuencia en las sociedades. Pinel dio la primera definición de esta entidad psicopatológica, diferenciándola de la locura, pues el psicópata conserva la razón y el intelecto, de allí que lo defina como “locura sin delirio”, haciendo luz de esta paradigmática particularidad: “No fue poca sorpresa encontrar muchos maníacos que en ningún momento dieron evidencia alguna de tener una lesión en su capacidad de comprensión, pero que estaban bajo el dominio de una furia instintiva y abstracta, como si fueran sólo las facultades del afecto las que hubieran sido dañadas”.

El Dr. Robert Hare, psicólogo criminal, caracterizando al psicópata escribe lo siguiente: “He descrito al psicópata como un depredador de su propia especie que emplea el encanto personal, la manipulación, la intimidación y la violencia para controlar a los demás y para satisfacer sus propias necesidades egoístas. Al faltarle la conciencia y los sentimientos que lo relacionan con los demás, tiene la libertad de apropiarse de lo que desea y de hacer su voluntad sin reparar en los medios y sin sentir el menor atisbo de culpa o arrepentimiento”. Los psicópatas, poseen reacciones electrodérmicas mínimas en relación a las de otros sujetos cuando se encuentran frente a situaciones estresantes de pánico o de sorpresa.

Llegando entonces a la conclusión de que el psicópata cohabita con un modus vivendi y su verdadera esencia.


Hemos observado cómo el T.A.P. tiene coincidencias con el síndrome normal de la adolescencia, lo que indica que no toda persona que cursa T.A.P. lo mantiene durante toda su vida, tal es así que muchos jóvenes delincuentes, entonces antisociales o sociópatas, han podido rehabilitarse, algunos espontáneamente, otros con terapias exitosas. Cuando el T.A.P. se cronifica y acentúa formando parte de la estructura psíquica del sujeto, es decir el sujeto ha sido siempre así desde su –incluso- infancia hasta su adultez, podemos diagnosticar psicopatía, exceptuando por supuesto, otras entidades psiquiátricas importantes durante el período de estado como psicosis, epilepsias psicomotoras o equivalentes, etc. Recordemos entonces que la psicopatía no es una enfermedad si no un modo de ser en el mundo (Marietan).

Asimismo, el consumo de ciertas drogas puede conducir al sujeto a tener conductas antisociales, lo que descartaría este diagnóstico en casos de sobriedad y de no cohabitar estas conductas. En las psicopatías, las drogas son un letal potenciador de las conductas antisociales características.

El abuso sexual

Criterios de validéz legal en Argentina

El consentimiento previo al acceso es válido legalmente con pleno conocimiento del accedido y cuando se cuenta con la situación legal de disponer de su libertad.

El consentimiento previo sin valor legal se da cuando el accedido es menor de 12 años, con escasa capacidad mental, se encuentra inconciente, es intimidado o ha sido privado de su libertad con torturas, rapto, detención, etc. También con consentimiento, si el accedido se arrepiente por haber sido engañado o simplemente no desea consumar el acto. Probablemente un debilitamiento precoz de cuyo forcejeo se evidenciarían signos lesivos forenses en zona glútea y muslos por compresión, escoriaciones en zona pregenital, traumatismos de cráneo, rasguños, etc. sirven como pruebas de valor legal de la existencia del delito. De puntual relevancia es el uso de fuerza con maniobras de asfixia que se utilizan para controlar a la víctima.



El Rol de la víctima de abuso sexual como sujeto, medio u objeto

Para David Canter, creador de la Psicología Investigativa de la Universidad de Liverpool (Reino Unido), la víctima viene a cumplir un rol para el delincuente sexual, a veces como sujeto, cuando busca con ella una pseudointimidad, la elogia, únicamente utiliza la violencia para mantenerla controlada con amenazas verbales o explícitas ya sea mostrándole un arma o avisándole de la existencia de esta, pero evita por demás e incluso puede desistir ante la resistencia de la víctima o disculparse luego de cometer el delito, aquí es tratada como un “Significant individual”, un individuo importante.

Cuando la víctima representa un objeto para el agresor, es maltratada y humillada, por supuesto para cumplir la fantasía del agresor, pasando a ser únicamente un objeto de goce.

Muy distinto es el caso en que la víctima es un medio para satisfacer una necesidad puntual, como por ejemplo el lucro.



El abuso sexual infantil, formas de abuso


Existe un aprovechamiento de la confianza del niño, así como de la superioridad en caso de ser abusado por personas de mayor edad. El niño no puede comprender la gravedad del delito, probablemente para él, esto sea un juego que le deje un sabor a incógnita, ya que no ha -en muchos casos- consumado la genitalidad, es decir la maduración psicosexual y es cuando el ya no-niño, tenga que enfrentar su primera relación sexual consentida, deseada, allí se resignifica ese recuerdo y aparecen en muchos casos la repulsión, el rechazo, la distorsión, los problemas psicosexuales. A veces los abusos no son aislados si no que se prolongan, el retraso en el desarrollo madurativo del niño se presenta como un índice de relevancia, a veces con bajo rendimiento escolar, grafismo con figuras fálicas exacerbadas, cambios de actitud, incluso probar este nuevo juego con otro niño o con un adulto lo que vela la situación.

Con el tiempo, el niño advierte que esto se vuelve desagradable cuando el otro se sirve de su autoridad o manipulación para aprovecharse a veces de su dependencia o inocencia, a lo que pueden incluso propinarle un golpe, una amenaza u ofrecerle un juguete a cambio, iniciándolo en el comercio sexual.

Las exploraciones no solamente se limitan a acceder genital o analmente con los genitales o los dedos, si no que incluye la inserción de objetos.

Del lado del abusador, no siempre busca descargar su sensación de poderío, si no que esta realmente enamorado, fascinado con el niño.


Abusos sexuales incipientes

En este caso es innecesario el acceso, la corrupción del menor puede ir disfrazada de toqueteos, manipulación de los genitales, masturbación en su presencia, frotteurismo, mostrar al niño pornografía, o como en el caso de la pederastía, hacer material pornográfico con el niño.

El mostrarse desnudo, exhibir los genitales al niño, pedirle observar los de él, pedir al niño bañarse con él, besar al niño en forma íntima son conductas prematuras iniciadoras de la sexualidad adulta.


En el caso peruano, por lo general, se ordena el internamiento del menor infractor en un centro de reclusión de menores infractores donde será sometido a tratamiento multidisciplinario (psicológico, asistencia social, orientación a los padres, etc.).

En Ecuador, el menor abusador es juzgado como menor infractor, el proceso inicia en la fiscalía y prosigue en los juzgados penales, entonces el menor pasaría a uno de los centros de detención especial para menores, en este caso también se les obliga a los menores a asistir a terapias psicológicas y a seguir con sus estudios dentro de estas instalaciones, se les trata de rehabilitar enseñándoles labores artesanales e incentivándoles a que practiquen algún deporte y sobre todo que se esmeren en sus clases. Al ser detenido por la comisión de algún delito ya sea abuso sexual o cualquier otro delito, pasa a ser responsabilidad del Estado el cual se encargará de su rehabilitación, en estos centros cuentan tanto con policías, trabajadores sociales, psicólogos, médicos, profesores, todo esto con la finalidad de rehabilitar al menor infractor.


La psicología criminal, busca revelar por qué algunos sujetos optan por el delito, en especial los delincuentes sexuales cuyo aprendizaje inhibitorio es pobre en este aspecto, probablemente por poseer figuras paternas débiles, inestables o agresivas, es decir patrones inconsistentes o no haber podido disociar lo agresivo de los sexual.

La cultura impone normas de convivencia para un adecuada inclusión a ella, aquellos que han tenido una minoridad con variadas deficiencias, no suelen mantener las normas intraculturales. En ocasiones se encuentran con facilitadores tales como vídeo juegos, imágenes televisivas o en Internet de alto contenido agresivo y/o sexual, pornografía en ocasiones violenta y otras en las que la mujer “suplica” ser penetrada y lo disfruta a los gritos. Estos facilitadores en manos infantiles, son una bomba de tiempo y nada, salvo la supervisión adulta responsable, podría impedir que el mensaje sea decodificado erróneamente por un niño y no en su contexto, en cuyo caso el niño padecería en el futuro una distorsión cognitiva característica en algunos delincuentes sexuales. Esta violencia en la industria del entretenimiento, ya sea en la sexualidad o en lo “cotidiano” puede colaborar desinhibiendo al menor en conductas disvaliosas.

Como resultado de la iniciación sexual demasiado temprana, con el tiempo se podría evidenciar la sexualización de conductas no sexuales. En el pasivo, estas vivencias podrían reeditarse para elaborar el abuso padecido en la infancia y resignificadas ya como trauma al inicio de la sexualidad adulta.

Estas conductas poco a poco pueden ir conformando patrones comportamentales de los abusadores prepúberes. Con un tratamiento terapéutico inespecífico, podrían continuar con esta elección sexual, siendo solo así cómo encuentran el clímax más satisfactorio, o sea eludiendo el consentimiento de la otra parte y que a pesar de mantener una vida marital “normal” en la adultez, busquen fuera de la unión matrimonial esta modalidad de goce.

Normalmente se hace hincapié en la infancia de los delincuentes en general, buscando encontrar el porqué de sus conductas destructivas únicamente en ese estadío, cometiendo un grave error al obviar la adolescencia que es donde los jóvenes hacen el pasaje hacia la constitución y reafirmación de su sexualidad adulta.

GRAVE DENUNCIA DE UNA MUJER EN USHUAIA
Abuso sexual entre menores


BIBLIOGRAFÍA

DSM IV, Valdez 1995

EL PSICÓPATA, Vicente Garrido

EL SÍNDROME DE LA ADOLESCENCIA NORMAL, Arminda Averastury y Mauricio Knobel – Editorial Paidós 1996

ABUSOS SEXUALES EN LOS NIÑOS, Beate Besten. Herder Ediciones – Año 1997.

CRIMINAL SHADOWS, Capítulo 11: Introducing Investigative Psychology. David Canter y Dona E. Young.

DELINCUENCIA SEXUAL Y SOCIEDAD, Santiago Redondo. Ed. Ariel Barcelona 2002.
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