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lunes, 18 de abril de 2011

BALISTICA FORENSE: INICIOS



"No hay armas buenas ni armas malas. Un arma en las manos de una mala persona es algo malo. Cualquier arma en manos de una buena persona no es amenaza para nadie, excepto para la gente mala. " CHARLTON HESTON


Autor: José Jiménez Ortiz
Licenciado en Criminología | Experto en balística



Este artículo analiza los orígenes de la balística forense que, desde sus comienzos, ha evolucionado gracias a la aplicación de los avances tecnológicos y al empeño de muchos hombres que lograron encontrarle una aplicación útil para convertirse en un método fiable.

En el siglo XVIII aún no existía cuerpo de policía como tal en Londres, en la ciudad de Westminster había un Juez de Paz llamado Henry Fielding al que sucedió, posteriormente, su ayudante y hermano John Fielding. Henry reclutó un pequeño grupo de "ayudantes" en 1749, fueron adscritos directamente a su cargo, representando los inicios de los actuales métodos policiales. Eran conocidos como los Bow Street-Runners y se dedicaban a investigar la delincuencia criminal organizada a pequeña escala utilizando, en un principio, métodos poco ortodoxos e incluso, alguna que otra vez, métodos no muy legales.




El primer intento con éxito del que se tiene constancia ocurrió a principios del siglo XIX, al descubrirse al autor de un crimen realizado con un arma de fuego. En 1835, Henry Goddard –uno de estos "peculiares investigadores"– al observar un proyectil extraído del cuerpo de la víctima de un asesinato, se percató de la existencia de una llamativa protuberancia o abultamiento en ella. Como en aquella época las armas de fuego eran de avancarga y los tiradores, habitualmente, hacían sus propios proyectiles con plomo fundido mediante un molde o turquesa, nuestro avezado investigador pensó que si encontraba el molde con el que se había realizado el proyectil encontraría al asesino.

Con esta idea, Goddard comenzó a registrar las casas de los sospechosos y, cuando procedía al registro de la vivienda de uno de ellos, al examinar el molde con el que el propietario fabricaba los proyectiles de plomo, nuestro experimentado investigador pudo observar claramente que en el interior de la turquesa había una pequeña hendidura. Utilizando este molde procedió a fabricar un nuevo proyectil (testigo) y lo comparó con el que se extrajo anteriormente del cuerpo de la victima (dubitado), comprobando que los abultamientos de ambos proyectiles eran idénticos sin lugar a dudas, lo que hizo que posteriormente el asesino confesara su crimen. Iniciándose de esta forma el un nuevo método de investigación.

En Alemania, durante 1898, el Dr. Paul Jeserich, asistía en calidad de experto para asesorar al tribunal de la ciudad de Neuruppin en un caso de asesinato. Durante el proceso le mostraron un proyectil que se había extraído del cuerpo de la víctima y un revolver que pertenecía al acusado. Jeserich era partidario de la teoría que establecía que un proyectil sufría una serie de lesiones al recorrer el ánima del cañón de un arma, por el roce de éste con las estrías del cañón, con gran presión, las cuales serían iguales en todos los proyectiles disparados con ese mismo arma; y procedió a realizar un disparo de prueba, fotografió los dos proyectiles, el extraído del cuerpo de la victima (dubitado) y el obtenido mediante un disparo con el arma (testigo, muestra o acriminado), amplió las fotos y comprobó que las lesiones dejadas por las estrías y los campos del ánima del cañón en el "proyectil testigo" eran idénticas a las que tenía el "proyectil dubitado", confirmando la teoría y pudiendo castigar al culpable.


En el siglo XX, otros investigadores fueron creando nuevos métodos de investigación que, de forma paulatina, irían dando a conocer en sus asesoramientos a los tribunales de justicia. Richard Kockel, siendo director del Instituto Forense de Leipzig (Alemania), efectuó las primeras pruebas del "desarrollo" del cuerpo de un proyectil realizando negativos de éste en láminas de cera y óxido de cinc.

El profesor Balthazard se dio cuenta que existían una serie de marcas en el culote (4) de la vaina y que éstas eran producidas al incidir sobre él, la aguja percutora (3a) en el momento del disparo. También la recámara (1b) producía lesiones en el culote del cartucho e incluso la uña extractora (2a) y el expulsor dejaban marcas características en la vaina, las cuales podrían servir para identificar un arma. Pero estas investigaciones tuvieron que ser abandonadas debido al comienzo de la I Guerra Mundial.

Charles E. Waite uno de los más grandes pioneros de la balística forense, empezó a visitar las fábricas de armas más importantes de los EE.UU. y posteriormente las europeas, solicitando los datos exactos de las características de las armas que fabricaban. Esta idea le surgió a raíz de asistir –en su condición de funcionario del Ministerio Público del estado de Nueva York– como ayudante del Presidente de la Comisión de Investigación por el Gobernador estatal; esta comisión se encargo de revisar la sentencia dictada por un tribunal del condado de Orleans, quedando muy impresionado por los acontecimientos y prometiéndose que intentaría conseguir un método fiable y que permitiera identificar un arma mediante el examen de un cartucho.

Se trató del proceso que investigó y juzgó el caso del doble asesinato cometido en una granja del pequeño pueblo de West-Shelby, en donde su propietario Charles B. Phelps y su ama de llaves, Margarett Walcott, fueron asesinados a tiros con un arma del calibre 22. Dos trabajadores de la granja fueron acusados y condenados en un proceso con diversas irregularidades. Del cuerpo de Charles B. Phelps se extrajeron tres proyectiles del calibre 22. Albert Hamilton contratado como “experto en balística” por el fiscal del caso, una vez inspeccionado el revólver que se encontró a uno de los trabajadores (Stillow) y los proyectiles, realizó un informe determinante en el que decía que en la boca de fuego del arma existía una muesca la cual aparecía marcada en los proyectiles, este informe sirvió para establecer que los proyectiles solo pudieron dispararse con el revolver del acusado. Siendo condenados a morir en la silla eléctrica. Durante la revisión del caso, se efectuaron varios disparos de prueba para obtener nuevos proyectiles testigo, los cuales fueron mandados junto con los dubitados, a la compañía óptica Bausch & Lomb, para buscar las muescas que Hamilton dijo haber encontrado, no siendo capaces de localizarlas ni en los proyectiles extraídos del cadáver ni en los que se obtuvieron en los disparos realizados de prueba. Pero se efectuó un importante descubrimiento, los proyectiles del cadáver y los de prueba tenían cinco estrías, pero con una gran diferencia, las estrías del revolver de Stillow eran normales y regulares, y así se podía apreciar en los proyectiles obtenidos a diferencia de los proyectiles extraídos del cadáver (dubitados) que presentaban marcado un campo intermedio de una anchura anormal. Esto determinaba, sin lugar a dudas, que el arma utilizada para cometer el crimen tenía un defecto de fabricación que no presentaba el arma propiedad de Stielow. Este fue finalmente declarado inocente, pero había trascurrido tres años en prisión y estuvo a punto de costarle la vida en la silla eléctrica por un informe falso de un supuesto especialista sin escrúpulos.

A finales de 1923, después de cuatro años de viajes e intenso trabajo descubrió que no había ni un solo modelo que fuera exactamente igual a otro, había diferencias en los calibres, en el número y orientación de las estrías, (orientadas a izquierda “levógiro” o a derecha “dextrógiro”) y sus ángulos de torsión podían ser distintos. Realizó un catálogo técnico de la mayoría de las armas existentes en aquella época, pero hacía falta encontrar unos "caracteres individualizantes" que permitieran distinguir armas del mismo tipo, marca y modelo.

Teniendo en cuenta que el proyectil al pasar por el ánima del cañón sufre dos tipos de lesiones: las primeras causadas por las estrías del anima, que en el proyectil se convertirán en campos, y las segundas causadas por los campos del ánima del cañón, que darán como resultado las estrías en el proyectil, podemos decir que el0proyectil, después de recorrer el anima del cañón, se convierte en el negativo de éste. Aquí estaba la solución.


Waite pidió a Max Poser que le fabricara un microscopio dotado con un soporte para mantener sujeto el proyectil, y con una escala de medición que permitiera medir las lesiones más insignificantes que existieran en él. Se le unieron el físico John H. Fisher y el químico y gran especialista en microfotografía Philipp O. Gravelle. Gracias a esta unión nació en Nueva York el primer instituto de balística forense del mundo, el Bureau of Forensic Ballistics. Fisher aportó a la investigación dos grandes inventos trascendentales en la balística forense:

a) Un aparato que servía para ver con todo detalle el interior del cañón de un arma de fuego (así nacía el helixómetro) y

b) Un nuevo microscopio calibrador con una mayor precisión que permitía medir los campos intermedios, las estrías, y la orientación de las mismas.



En 1925, a Gravelle se le ocurrió la idea que daría a la balística uno de los fundamentos científicos mas importantes, unió dos microscopios mediante un dispositivo óptico por el cual se podían observar dos proyectiles juntos (5) en una sola imagen y lograr que ambos giraran para que se pudieran comparar viendo las coincidencias y diferencias que hubiera en ellos. Al equipo de Waite se unió el doctor Calvin Goddard que, siguiendo el camino iniciado por el profesor Balthazard, comenzó a observar el culote (4) de las vainas disparadas, encontrando que las lesiones producidas por las máquinas empleadas en la fabricación de la aguja percutora (3a) o del bloque de cierre (1a) del arma que había realizado el disparo, coincidían con las lesiones que aparecían en el culote de la vaina empleada.


El doctor Goddard colaboró en los importantes avances dentro del campo de la balística, como la base de datos de balística más completa de su tiempo, y el establecimiento del primer laboratorio independiente de criminalística forense en los Estados Unidos. Contribuyó en la investigación de numerosos casos en todo el país colaborando con la policía, entre otros, en la primavera de 1927, en un proceso controvertido y no exento de irregularidades, de Sacco-Vanzetti (el robo de Massachusetts); dio a conocer sus observaciones, realizando con ellas un dictamen modélico en la historia de la Balística Forense. En 1929, en la investigación de la Masacre del día de San Valentín (en Chicago) el caso referente al asesinato de los miembros de una banda por hombres uniformados como policías de Chicago.

Las investigaciones han ido evolucionando y, teniendo en cuenta las aportaciones iniciales y principios de la criminalística, los cuales establecen que todo instrumento mecánico o físico al incidir con presión sobre una superficie, la más dura deja sobre la más blanda su impronta o huella de clase y de identidad lo que permite identificar también la herramienta en particular. Con la ayuda del desarrollo de nuevas técnicas y avances tecnológicos e instrumentos más sofisticados han ido centrándose en la actualidad en el estudio de las marcas de herramientas y se ha denominado Toolmark. Estas marcas son únicas y reproducibles, confirmándose este principio durante décadas con numerosos estudios.

Los sistemas más novedosos tecnológicamente hacen posible, en la actualidad, el examen digital balístico utilizando incluso imágenes en dos dimensiones (2D) de proyectiles y casquillos, este sistema permite escanear mediante un láser a través de un interferómetro de aplicaciones específicas y generar imágenes de alta resolución en tres dimensiones (3D), las cuales permiten ser examinadas con mayor precisión y las garantías necesarias que requiere una evidencia física para un informe en menor tiempo y con menor margen de error, este sistema permite analizarlas por medio de colorización topográfica sensible, movimiento de las fuentes de luz, la orientación…


La balística forense desde sus inicios ha ido evolucionando y continúa sin detenerse; debe su desarrollo, en gran medida, a la aplicación de los avances tecnológicos y a los nuevos instrumentos, así como a los hombres que han logrado encontrar una aplicación útil para el análisis, descubrimiento y comparación de nuevas evidencias de forma más fiable.



martes, 30 de junio de 2009

PROYECTILES DE USO POLICIAL Y SUS COMPORTAMIENTOS


Por Ernesto Pérez Vera

Los cartuchos que generalmente usan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS) en España para las misiones o servicios ordinarios, son cartuchos que montan proyectiles de plomo, semiblindados o blindados/encamisados, estos son los más comunes y habituales en el quehacer diario de un agente de policía español. Todos los referenciados anteriormente poseen algo en común, y es el uso del plomo, en unos como núcleo, en otros como base total del cuerpo del proyectil.

Es sabido por todos, que el proyectil blindado o encamisado, también llamado FMJ (Full Metal Jacket) posee un alto poder de penetración y bajo poder de deformación al impactar en un cuerpo humano o incluso en casi cualquier objeto del entorno cotidiano. Esa propiedad para perforar o penetrar, se la facilita la envuelta o camisa de metal que recubre al núcleo de plomo, envuelta que suele ser de latón.


Cartucho de proyectil blindado, el más común en las FYCS de España


Dicha penetración provoca la llamada sobrepenetración, es decir, que después de alcanzar a su objetivo, el proyectil aún posee energía bastante para atravesarlo y continuar hasta otro punto de impacto, ésta vez sin el deseo del tirador, pudiendo ello provocar un daño colateral, o sea, que esa punta acabará donde NO queríamos que acabara. Dicho de otra forma, SI UN PROYECTIL NO IMPACTA DONDE QUEREMOS, IMPACTARÁ DONDE NO QUEREMOS.



Plomo y Semiblindada, mejor que FMJ


Muchos son los que para evitar esa sobrepenetración, recurren al uso de otras puntas, como por ejemplo las de plomo macizo mezclado con antimonio, o recurren a las semiblindadas, que son aquellas que exteriormente y en sus paredes, poseen envuelta metálica, generalmente de latón, pero que sin embargo en el extremo superior de la punta permiten observar como asoma un poco de plomo desnudo.



Cartucho de 9 m/m Parabellum con punta troncocónica semiblindada seguido de uno con punta de plomo grafiteada para reducir la fricción y el emplome.


Los que recurren al uso de las puntas de plomo o de las puntas semiblindadas, lo hacen con la convicción de que dichos proyectiles se van a deformar al impactar en el cuerpo o en el blanco deseado y que dicha deformación propiciará una mayor transferencia de energía sobre los órganos que se vean afectados por el impacto, y con ello alcanzar la puesta fuera de combate del sujeto alcanzado. Sí eso ocurriera, sería una gran ventaja sobre los proyectiles blindados, pues estos como se dijo antes, no se suelen deformar, y transmiten poca energía en el impacto, y debido a su dureza provocan con facilidad rebotes o sobrepenetraciones que pueden herir a un tercero una vez que el la punta atraviesa el cuerpo impactado.

Pues bien, ese mito de que los proyectiles de plomo y los semiblindados aportan esas ventajas para los usuarios de armas de defensa y/o seguridad, no es más que eso, un mito. Lo que es cierto, y hay que admitirlo, es que en cierto grado se reduce el riesgo de rebote, pero no anula o elimina ese riesgo (como muchos creen) y según que órgano del cuerpo humano sea alcanzado o blanco sea impactado, se podrá producir cierta deformación, pero esto no es algo siempre asegurado.


La otra solución, quizás la mejor, la PUNTA HUECA


Son proyectiles de Punta Hueca, aquellos que poseen una oquedad en su extremo superior, dicha oquedad facilita la deformación del proyectil en el instante del impacto.

Dos son las ventajas que más se pueden destacar de este tipo de cartuchos frente a los usados de modo tradicional en nuestras FyCS. El más ventajoso de los factores es el de la mayor Transferencia de Energía al cuerpo impactado, entendiendo por Transferencia de Energía, la capacidad que tiene un proyectil de transferir toda su energía al cuerpo contra el que impacta.

Dos imágenes de proyectiles de Punta Hueca

A mayor transferencia más deformación del proyectil (variación de su forma) y a más deformación de ese proyectil, más masa será destruida en el cuerpo impactado y mayor será la herida provocada en el impacto y durante la penetración.

Es un error muy común, creer y decir que la Punta Hueca es más perjudicial o decir aquella frase que a veces se oye en prensa y que viene a decir eso de “la Punta Hueca MATA más..”. Digo que es un error porque si usamos Punta Hueca de calidad en un caso de defensa legítima amparada por nuestro ordenamiento jurídico, y siempre que ese o esos disparos se coloquen en la zona del cuerpo deseada, es más que probable que con pocos disparos dejemos fuera de combate al agresor, quizás con uno o dos disparos, mientras que con proyectiles de plomo, blindados o semiblindados y situando los impactos en la misma zona, es probable que el sujeto continúe en su intento de abatirnos y debamos seguir disparando contra él; por ello a veces para derribar y neutralizar la agresión se deben hacer demasiados impactos contra el atacante mientras en la mayoría de ocasiones en que se usó proyectil de Punta Hueca, con pocos disparos se pudo neutralizar el avance lesivo del atacante.

Como muestra de ello, los siete impactos que un atracador recibió en un enfrentamiento con la Policía Local de Petrer (Alicante) en noviembre de 2008 y que pudo ser grabado por un video aficionado y televisado posteriormente. Los cartuchos usados no eran de Punta Hueca y siete son muchos disparos, aunque a mi entender fueron necesarios y proporcionados.

La segunda ventaja que aporta la Punta Hueca frente a las tradicionales puntas blindadas, las semiblindadas y de plomo, es la menor sobrepenetración de la que ya hemos hablado al inicio del artículo.



Cuadro aclaratorio y básico del comportamiento de la Punta Hueca.


Las Puntas Huecas dada su mayor facilidad de deformación al impactar y durante la transferencia de energía, no suelen abandonar el cuerpo impactado, quedando normalmente alojados en algún órgano del sujeto que recibió el disparo y en los casos en que sí abandonan el cuerpo impactado, suelen hacerlo ya con poca capacidad lesiva, evitando con ello daños colaterales o lesiones a terceros.


Prueba de Laboratorio


He podido participar en pruebas de balística usando como “cuerpo” a impactar, dos bloques de Gelatina 250A, que rebajada al 10% y a 4ºC de temperatura, proporcionan una textura muy similar a la de un cuerpo humano vivo, alcanzando dicha gelatina una densidad media muy similar a la de músculos, huesos, piel, vísceras y otros órganos.

Tras poner dos bloques de la mencionada Gelatina uno junto al otro, ambos bloques se colocan de modo que simulan dos cuerpos humanos puestos uno junto al otro como si dos personas estuvieran posicionadas hombro con hombro. Tras los bloques se colocó una tabla que haría de testigo en caso que los proyectiles atravesaran los dos bloques y continuaran camino hacia el parabalas.


Una vez acabado ese trámite, se efectuaron varias pruebas balísticas, efectuando varios disparos precisos sobre la gelatina. Se hicieron con suma precisión para evitar que las trayectorias o cavidades temporales y permanentes de los primeros disparos fueran “cruzadas” por los siguientes disparos, de ocurrir eso, el trabajo quedaría desvirtuado.

Pues bien, los proyectiles empleados en la prueba fueron los siguientes: Blindado de Geco, Semiblindado Remington, Plomo Fiocchi, Frangible de Remington, Golden Saber punta hueca de Remington, Hydra Shock de Federal,Glaser Slug, SeCa de Ruag, QD-2 de Men, Silvertip de Winchester, THV y alguno más.



Dos cartuchos de 9mmP, respectivamente con proyectil Frangible y QD-2 seccionado para estudio (AMBOS, USADOS EN LA PRUEBA BALÍSTICA REFERIDA)

Las conclusiones fueron asombrosas para muchos de los presentes, otros esperábamos un resultado muy parecido al que se produjo finalmente. Así pues se puede aseverar que los proyectiles blindados, los de plomo, semiblindados y los frangibles, se comportaron exactamente igual. Atravesaron el primer bloque de Gelatina y provocaron sobre penetración, llegando a atravesar total y completamente el segundo bloque y continuando después su camino hacia el parabalas de la galería.

Del resto de proyectiles empleados en la prueba, se sacaron conclusiones diversas, por ejemplo el THV que sale del cañón con una velocidad inicial de algo menos de 600 m/s, podemos decir que tuvo un escaso poder de penetración, no llegando ni a la mitad del primer bloque de gelatina y siendo recuperado el proyectil con nula deformación, por consiguiente no transfirió energía suficiente como para provocar lesiones relevantes que a su vez pudieran provocar la parada o detención del agresor.





Cartucho de 9mmP de alta velocidad THV (Muy Alta Velocidad, USADO EN LA PRUEBA REFERIDA)

El SeCa (SEcurity CArtridges) se comportó de un modo muy acertado y esperado, atravesó totalmente el primer bloque de gelatina, se deformó completamente y por consiguiente transfirió toda su energía al blanco impactado. Al atravesar el primer bloque, salió del mismo y golpeó el segundo bloque sin provocar en él perforación alguna, cayendo al suelo.

De las puntas huecas usadas en la prueba (Golden Saber punta hueca de Remington), Hydra Shock de Federal, Silvertip de Winchester) el que mejor se comportó fue el Hidra Shock, el cual penetró en el primer bloque con total deformación, se detuvo a aproximadamente 28 centímetros del orificio de entrada en el bloque. El Golden Saber llegó a sobrepenetrar en el segundo bloque, si bien fue poco lo que penetró, se deformó totalmente y transfirió toda su energía. El Silvertip se deformó por completo, trasfirió toda su energía pero penetró menos de los 28 centímetros deseados.


Proyectiles de Punta Hueca que se han recuperado durante la prueba referida, el primero es Silver Tip y el segundo un Golden saber.


Según estudios científicos del FBI norteamericano, un proyectil de defensa debería tener la capacidad de perforar un cuerpo humano entre 28 y 35 centímetros, pues hay que tener en cuenta que en los enfrentamientos no siempre recibirá nuestro atacante los disparos de modo frontal en su cuerpo, hay que pensar que los proyectiles que le disparamos pueden entrar en otros ángulos, por ejemplo de modo lateral y de tal forma que los impactos entren por un hombro o brazo, teniendo entonces que atravesar esas zonas del cuerpo antes de entrar en el torso por la zona lateral y aún así debería de tener capacidad para continuar hasta tocar órganos vitales.


Proyectiles Especiales para casos muy concretos


Existen otros proyectiles dentro del mercado policial y militar, son proyectiles denominados especiales, pues son usados para misiones muy concretas, entre ellos encontramos a los perforantes, los trazadores, los explosivos o los incendiarios.

Los perforantes son aquellos proyectiles cuyo núcleo es macizo de acero al tungsteno, material este, sumamente duro y que no se deforma con facilidad, teniendo que ser recubierto el acero del núcleo con una capa de silicona para que sea la silicona la que haga fricción en el cañón durante el recorrido, de ese modo el acero del proyectil no roza el ánima del arma y no provoca su desgaste. Este tipo de proyectiles podría atravesar un chaleco antibalas con relativa facilidad, siempre que el chaleco sea un nivel de protección medio-alto y no muy alto. También son recubiertos por otros materiales pero concretamente a nivel policial se usa la silicona en color verde, el más común es el KTW. Las tres letras son las iniciales de los especialistas médicos y policiales norteamericanos que lo diseñaron.


Cartucho de 9mmP con proyectil KTW.


Los proyectiles trazadores son aquellos que se emplean para orientar o guiar al tirador, de ese modo en determinadas circunstancias (principalmente en oscuridad), el tirador podrá ir focalizando la dirección de sus disparos y podrá hacer las correcciones que estime oportuno. Su uso más frecuente se da en el ámbito militar y más concretamente por las ametralladoras, en cuyas cintas de alimentación o cargadores, se intercala un cartucho trazador cada 4 ó 5 ordinarios.

La capacidad trazadora la aporta al proyectil, una mezcla de productos químicos que se alojan en el culo o base del proyectil, que a esos efectos se encuentra hueco. Así pues en dicha oquedad se deposita magnesio y fósforo, los cuales al producirse el disparo y al estar en contacto directo esa base del proyectil y la pólvora que se está quemando para provocar la salida del proyectil por la boca de fuego, hace que el fósforo y el magnesio se enciendan y provoquen una incandescencia que es la que deja ver el recorrido o traza que describe el proyectil en su vuelo al objetivo.

Algo similar a lo antes descrito, ocurre con los proyectiles incendiarios y explosivos, siendo en estos casos otros los productos químicos que se alojan dentro del proyectil, estando estos más limitados aún en su uso, siendo de más necesidad en misiones militares que en las policiales.


Concluyendo


Podríamos decir que los proyectiles blindados, semiblindados y de plomo, deberían no ser usados más que para el adiestramiento en galerías, dejando los frangibles para uso en lugares cerrados y con paredes y/o suelos especialmente duros, como por ejemplo buques o fábricas, donde esos frangibles si que podrían cumplir correctamente su cometido que no es otro que en esos lugares de paredes especialmente duras, provocar la destrucción completa del proyectil y evitando el rebote, dado que se convierten en polvo (la configuración del proyectil es mezcla de polvos/partículas metálicos compactados). Yo personalmente los he probado varias veces sobre planchas de acero y contra maquinaria industrial pesada como por ejemplo excavadoras, tractores, etc, y puedo asegurar que los proyectiles disparados a 1 metro de distancia se fulminaban y disipaban pasando a ser nubes de polvo.

Recorrido de un proyectil FMJ Geco 9m/m P, cruza los dos bloques de gelatina. Podemos ver el impacto en la tabla trasera. La prueba se repitió con plomo, semiblindada y frangible, CON IDÉNTICO RESULTADO( imagen tomada durante la referida prueba balística).

Lo ideal sería usar proyectiles deformables al impacto en el cuerpo, para asegurar una gran transferencia de energía y destrucción de masa, así pues los de punta hueca y los SeCa son los más interesantes, pues además reducen en cierto modo la posibilidad de rebote. Personalmente aconsejo el uso de los SeCa y de casi cualquier punta hueca antes que usar los convencionales.

Cartucho SeCa del grupo Ruag, el proyectil fue recuperadodurante las pruebas en Gelatina que antes se han referido

Quizás con algunos de esos proyectiles deformables podamos provocar la neutralización del agresor con un número menor de disparos que si tuviéramos que usar para el mismo fin los proyectiles blindados, plomos o semiblindados. No obstante no debemos sobredimensionar las posibilidades de los proyectiles por muy bien que se comportaran en las pruebas balísticas, pues para que se comporten como se desea y como se espera de ellos, se deben dar ciertos factores favorables que no dependen del usuario.


Tampoco se le escapa a nadie que los bloques de Gelatina Balística no son la panacea, naturalmente todos sabemos que un cuerpo humano ante un enfrentamiento o situación de riesgo experimenta de modo automático una serie de cambios psicológicos y fisiológicos que modifican cualquier conclusión o estudio, teniendo que estar a cada caso, y lo que un ser humano no soportó, otro lo podría soportar de modo casi sobrenatural.


La Gelatina no deja de ser un buen “cuerpo” inanimado y carente de sentimientos, pero por ahora parece que es lo mejor que tenemos para seguir experimentando.■


Ernesto Pérez Vera
Instructor de Tiro Policial y Defensivo




PUBLICADO EN REVISTA ARMAS.ES Nº14

miércoles, 10 de junio de 2009

NOMENCLATURA DE LA CARTUCHERÍA METÁLICA


Desde hoy contamos con un nuevo colaborador en "El Investigador". Se trata de Ernesto Pérez Vera, Policía Local de La Línez de la Concepción (Cádiz).

Ernesto que es Instructor de Tiro Policial y Defensivo/Reactivo , Miembro de la Asociación Española de Instructores de Tiro Policial , colaborador habitual de revistas como : "Todo Seguridad", "War Heat Internacional" , "Armas.es" y de nuestro blog amigo "Livecop" , se ha ofrecido a participar en nuestro blog en un apartado que ciertamente teníamos algo olvidado .


NOMENCLATURA DE LA CARTUCHERÍA METÁLICA


Este es un tema muy interesante y que no todos los profesionales conocen profundamente y de ahí la cantidad de errores que se suelen cometer a la hora de hacer referencia a un cartucho o calibre determinado.


El error más habitual, lo presenciamos muchas veces en conversaciones con otros agentes de policía, sean del cuerpo que sean, pues el tema es desconocido por lo general por los profesionales del ramo, sin que la pertenencia a determinados cuerpos o unidades pueda atribuir maestría y dominio del asunto. También es habitual oír en televisión y demás medios de prensa, como profesionales de la información dicen verdaderas barbaridades al hablar del arma y/o cartucho que determinados delincuentes o agentes de policía usaron en la acción protagonista de la noticia.


Los cartuchos suelen estar identificados con un nombre o denominación que está compuesto por alguna cifra seguida a veces de otra cifra o de un nombre. La cifra suele ser el diámetro o calibre, bien del arma para el cual se diseñó el cartucho, o bien el diámetro del propio proyectil y la segunda cifra suele ser la longitud de la vaina o casquillo, o también puede ser el peso del proyectil o de la Carga de Proyección (peso de la pólvora que contiene la vaina); a veces, incluso la segunda cifra que sigue a la del calibre o diámetro, puede ser la velocidad que se estima aproximada y que tendrá el proyectil en la salida desde la boca de fuego, lo que se llama Velocidad Inicial; otras veces, es el año de diseño del cartucho o año en que dicho calibre fue adoptado por un ejército.


Es por lo que el cartucho que aquí en España denominamos 9 mm Parabellum, es conocido también en otros países con la denominación de 9x19mm o 9mm Luger, pero en todos los casos nos referimos a un mismo calibre/cartucho, solo que según el país donde se fabrique o según la marca del fabricante, etc., unos lo denominan de un modo o de otro.


Tres culotes del mismo calibre, el 9 m/m Parabellum y tres modos distintos de denominarlos


Recordemos que el calibre 9mm Parabellum, fue diseñado por George Luger en 1902 para la pistola Luger P08 y que fue denominada Pistola Parabellum, de ahí que ciertos fabricantes usen para definir al cartucho con una u otra denominación, es más, cada vez es más común, es ver que se le denomina 9x19mm, significando esto, que el diámetro del proyectil es de 9 mm y que la longitud de la vaina es de 19 mm.


Este sistema de nomenclatura que hemos visto en el archipopular calibre 9mm Parabellum, es el sistema más usado en Europa; es un sistema basado en el sistema métrico decimal de amplia o casi total implantación en el viejo continente.


Otro calibre muy popular en España dentro del seno de las FYCS* y de las FAS**, es el 9 m/m Corto, el cual recibe otras denominaciones en otras partes del planeta, ya sea por el sistema de medida del país en cuestión o por la norma del fabricante, así pues, en los países que utilizan el sistema métrico decimal, se conoce a este calibre como 9m/m Kurz ó 9x17 m/m y en las zonas del planeta con influencia anglosajona se le conoce como .380 Automático ó .380 Auto.


Existe otro sistema de denominación de calibres y cartuchería, es el sistema usado en los países anglosajones o países de histórica influencia anglosajona, por ejemplo EEUU, Gran Bretaña, Canadá, Australia, etc. En estos Estados, el sistema de medición es bien distinto al usado en nuestro país, ellos no usan el metro, ni el centímetro ni el milímetro, sencillamente ellos NO usan el sistema métrico decimal y utilizan la pulgada para sus mediciones. También usan otras medidas para medir las velocidades y pesos.


Tres modos de denominar al 9m/m Corto

El sistema usado en esos países es más complejo a veces. Aún conociendo el sistema, son muchas las ocasiones que uno debe pensar un poco para saber de que cotas o medidas estamos hablando. No ocurre tanto, cuando se trata de hablar de cartuchos más comunes o más cercanos, como son el calibre .22LR, el .38 Spl, .357 Magnum ó el .45 ACP, quizás estos sean los cartuchos de armas cortas (aunque todos esos son usados por armas largas también) de origen anglosajón que más uso tienen en España, aunque cada día el .40 SW tiene más aceptación tanto en calibre para defensa y seguridad con en tiradas de recorridos de tiro, las llamas tiradas de IPSC.


El error más común de todos los aficionados y profesionales de las FYCS y FAS es denominar a estos cartuchos del siguiente modo…”22 milímetros, 45 milímetros, etc.…” el error está en creer que al igual que un 9 mm Parabellum, estos cartuchos de origen anglosajón deben ser “apellidados” con lo de: milímetros.

Varios de los calibres mencionados en este artículo

(.45ACP, .357Mg, .38Spl, 9mmP, 9mmC y .22LR)

Los que de ese modo equivocado así se expresan, olvidan o desconocen que no se habla de milímetros al hablar de un calibre .45, de lo contrario el diámetro de la boca de fuego del arma y el diámetro del propio proyectil del cartucho, sería del tamaño de una pelota de tenis y estaríamos hablando de armas militares de tiro antiaéreo o antitanque.


Para poder comprender mejor el sistema, es necesario saber que 1 pulgada equivale a 25,4 mm, de ese modo al decir que un cartucho es del calibre .45 ACP estamos diciendo que tiene un diámetro de 0,45” (“ = Pulgada) por lo tanto habría que hacer una sencilla operación matemática que consiste en multiplicar 0,45 x 25,4, el resultado que se obtenga en mm, será el diámetro en dicha medida, de ese modo un calibre .45 ACP (u otros tipos como el .45 Long Colt por ejemplo) posee en milímetros el siguiente diámetro, 11,43 mm. Las siglas ACP significan Automatic Colt Pistol.


Otro ejemplo, el famoso y tan usado durante años por la policía del todo mundo, y plenamente vigente en España en los revólveres de 4” de cañón, y que reglamentaria usan los Vigilantes de Seguridad. Me refiero al .38 Especial, en este caso abría que ir a la misma operación, a saber:

0,38 x 25,4 = 9,6 mm


Como ven, el calibre .38 Especial posee un diámetro de algo más de 9 mm, como el actual calibre de dotación en los cuerpos policiales españoles -el 9 mm Parabellum- pero debo hacer un comentario que algunos desconocen y que a los neófitos puede despistar.


El famoso .38 Especial recibió ese nombre cuando en realidad su verdadera medida de diámetro es 0,357 pulgadas, pero al fabricante le pareció una cifra excesivamente larga; además, esto ocurría en una época, 1902, en la que ya existían muchos calibres con la nomenclatura 38, por ejemplo el .38 Long Colt y otros más, así pues la casa S&W -fue la creadora- decidió por marketing y por popularidad, mantener el nombre de .38 y “apellidarlo” Especial para distinguirlo de los ya existentes.


Imagen de algunos de los calibres más usados en España

para seguridad/defensa y tiro deportivo

Cuando en 1935 nación el calibre .357 Magnum para ser usado en el revólver S&W mod. 27, los responsables de su nacimiento, usaron un cartucho de .38 Especial y le alargaron la vaina en algo más de 3 mm. Ahora ya no se usó la cifra “38” para dar nombre y apellido al nuevo cartucho, sino que usaron las verdaderas medidas, eso 0,357 pulgadas.


En este artículo, se han tratado ejemplos y calibres de los más cercanos para los usuarios policiales españoles, pero existen infinitos calibres y cartuchos, muchos de los cuales merecen estudio y análisis aparte, quizás en otro momento, vayamos a por ellos. También debo decir que con calibres de arma larga ocurre exactamente lo mismo, pero me he querido centrar sólo en ejemplos de calibres de armas cortas.


* FYCS: Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
** FAS: Fuerzas Armadas

Ernesto Pérez Vera

Instructor de Tiro Policial y Defensivo

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