viernes, 7 de agosto de 2009

Los demonios de Julius Streicher



Desde hoy contamos con un nuevo colaborador, se trata de Alberto Angoso, psicólogo clínico, experto grafólogo y perito calígrafo.
Alberto es también colaborador de QdC, y como los amigos de "QUADERNOS DE CRIMINOLOGÍA" son nuestros amigos, a partir de hoy se convierte en miembro de nuestro STAFF.

En su primer artículo nos muestra el análisis grafopsicológico acerca de Julius Streciher, un nazi que era el editor del diario "Der Stürmer", un periódico semanal editado en Alemania desde 1923 hasta el final de la guerra en 1945. "Der Stürmer" fue una parte significativa de la maquinaria de propaganda nacionalsocialista y una esclarecedora publicación antisemita.


Al llegar a la orilla opuesta a la región de los gadarenos corrieron hacia él dos endemoniados que salían del cementerio, tan furiosos que nadie podía pasar por aquel camino. Y gritaron: “¡Déjanos en paz, hijo de Dios! ¿Has venido aquí antes de tiempo para atormentarnos?” Pacía no lejos de allí una gran piara de cerdos, y los demonios le pidieron: “Si nos echas, envíanos a la piara de cerdos”. Jesús les dijo: “Id”. Ellos salieron, se metieron en los cerdos y, al instante, toda la piara se lanzó al lago por un precipicio y se ahogaron.

San Mateo 8, 28-33



La revisión historiográfica marxista consideraba que las transformaciones en el devenir de los pueblos se deben a movimientos socio-económicos y demográficos, y que son las necesidades y recursos de los grupos sociales los que generan los cambios estructurales. Sin embargo, los avances de la Psicología social confirman que existen factores etiológicos mucho más concretos, como por ejemplo, la influencia del líder y la propaganda.

Diversos especialistas de la escuela psicodinámica han extrapolado los procesos psicopatológicos individuales a los procesos mórbidos que afectan a grupos extensos, ya sean clases sociales, sectas, naciones, etc. La incógnita es si tales grupos actúan así por factores endógenos inherentes al colectivo o por las directrices dimanadas de sus líderes. En la actualidad se admite que si bien las condiciones (económicas, políticas, etnográficas, etc) pueden promover estados traumáticos globales que posibilitan el ascenso de líderes o grupos de poder "anormales", el hecho cierto es que muchas de las características y acciones del colectivo "desviado" van a depender de la personalidad de su líder o líderes.

Y es en este punto donde surge un fenómeno interesante: el líder tiránico con estructura de personalidad patológica puede ser muy diferente en unos y otros casos (Hitler, Stalín, Pol-Pot, Bin Laden), sin embargo, tales dirigentes gobiernan su comunidad de prosélitos con un paralelismo y semejanza en verdad sorprendente si se considera la variedad de contextos y situaciones. Es evidente que la dinámica de poder impone unos criterios genérales que se superponen a los rasgos de personalidad particulares. La prepotencia complaciente que experimenta un líder en su ejercicio (mandar y ser obedecido, sensación de poder, admiración debido a su puesto, rol, status, atención principal a sus actos y palabras, búsqueda de su amistad…) supone un importante refuerzo que tiene como efecto el incremento irreal de las atribuciones propias. Esto sucede en todos los dirigentes, sin embargo en el líder patológico existen diferencias cuantitativas y cualitativas respecto los considerados “normales”. A continuación damos ciertas tendencias típicas de los líderes o sistemas de poder "patológicos", huelga decir que pueden producirse ostensibles variaciones según la época y el contexto.

RASGOS DE PERSONALIDAD DEL LÍDER TIRÁNICO PATOLÓGICO:

1) Visión quimérica y utópica acerca de su propio ideario y proyectos futuros para el colectivo que dirige. Nada existe mejor para los demás que mis concepciones mentales. Rechazo sistemático de estados de felicidad ajenos al modo de vida ideal que defiende.

2) Se considera sí mismo infalible (los otros se equivocan, no él), casi omnisciente (nadie sabe más que él) e irremplazable (todos son peores que él).

3) El líder patológico integra e identifica en una única cognición la situación de poder y su auto-percepción psíquica y anímica. El "yo" y el poder se unifican. Intensa dependencia personal con el poder que se detenta y gran angustia ante la posibilidad de de perderlo.

4) La fuerte inseguridad derivada del miedo a perder el poder (y, por ende, la propia seguridad personal), le conduce a tomar decisiones infundadas basadas en el miedo, y no en el raciocinio ni en el bien de lo ciudadanos.

5) Este estado de ansiedad permanente le induce una desconfianza que se acentúa de manera progresiva e incrementa su aislamiento emocional.

6) Se generan estados de animadversión profundos y viscerales hacia los adversarios, reales o imaginarios, que ponen en peligro su situación de poder. Para el líder patológico es más importante el conflicto con los enemigos internos o externos que el desarrollo del colectivo que dirige.

7) Pueden surgir profundos sentimientos de animadversión contra los subordinados más capacitados que puedan hacerle sombra. En la elección de los colaboradores primará la fidelidad al líder sobre la eficacia operativa.



Como habrá observado el lector, las distinciones entre los líderes patológicos y otros que se suponen normales pueden ser sutiles y evanescentes. De otro lado existe una evolución desde la satisfacción prepotente hasta el miedo y la angustia, es decir, el líder comienza sus primeros años con un fortalecimiento de la propia autoestima basado en la recompensa gratificante que produce el ejercicio del poder. Con el tiempo, sin embargo, tal situación se convierte en adictiva, la sensación de poder se integra en la estructura de personalidad y condiciona todas sus acciones y pensamientos. Esto produce un incremento progresivo del temor a perder la autoridad, temor que genera un acentuado rechazo hacia los competidores o adversarios que hacen peligrar su status quo. En la última fase el poder ya no se justifica ni por el bien colectivo ni por el orden y la justicia social, sino que lo que prima en todas sus disposiciones y actos es el mantenimiento de su jefatura, quedando todo lo demás subordinado a este objetivo.

Derivados de los puntos anteriores, podemos introducir estos otros:

8) El líder patológico tiene una necesidad imperiosa de controlar y dirigir los actos y pensamientos de sus gobernados. Necesita la sumisión incondicional de sus integrantes para sentirse seguro. Persigue y aísla a los intelectuales independientes.

9) Otorga gran importancia a los mecanismos de control que garantizan su seguridad y su sistema de gobierno, haciendo proclives la delación entre ciudadanos, la tortura, la coerción, la violencia física directa, así como otros métodos.

10) Modifica los procesos de formación educativos para que en la edad adulta los futuros miembros sigan sus propias directrices y aseguren su continuidad. Las razones no están muy claras, pero lo cierto es que actúan como si pensarán que van a ser eternos.

11) Cambia a su antojo los contenidos históricos para glorificar su régimen y su figura personal en el desarrollo de la comunidad que dirige.

12) Dedica una especial atención a la labor mediática de la propaganda y la persuasión, una propaganda constante y directa que explota los factores emocionales en detrimento de los racionales y el sentido común; y que tiene como fin primordial la exaltación de la personalidad del líder, los logros de su gobierno y el ataque sin paliativos a los opositores y supuestos enemigos.

13) El líder patológico (en una acción mayormente subconsciente) genera un objeto de odio que canaliza todos los impulsos sádico-destructivos de sus miembros, al mismo tiempo que los promueve y los alienta.

14) Este objeto de odio es despersonalizado, criminalizado y tergiversado, con el objeto de dar la imagen más negativa posible de sus oponentes, y que son presentados como enemigos del colectivo que dirige.

15) Emplea el miedo y el temor como sistema de control de la comunidad; ya sea de manera directa: A) Miedo a las consecuencias de contravenir las disposiciones que regulan el grupo y la obediencia al líder. O de manera indirecta: B) Creando una sensación de temor y angustia ante los objetivos y características de los supuestos enemigos del colectivo.

Para hacer este listado nos hemos valido del análisis de Adolfo Hitler y Josef Stalín, sus actos y reacciones en el devenir histórico del cual fueron protagonistas, así como otros líderes mundiales de variado signo, geografía y etapa histórica, han sido muy útiles además los análisis de líderes sectarios y de grupos terroristas con estructura jerárquica piramidal, en concreto ETA y Al-quaeda.

Y es con este marco donde ahora podemos analizar adecuadamente a Julius Strichher, un líder nazi que modeló el pensamiento de los individuos que más tarde desencadenaron un genocidio tan brutal como sistemático. Si para Hitler lo fundamental era el desarrollo de la raza aria y la supremacía de Alemania, siendo los judíos una raza impura e ignominiosa que había que extirpar del seno germánico, para Julius lo esencial era la eliminación material de los judíos, estando todos los demás objetivos ideológicos relegados a un segundo plano cuando no ignorados. Junto con su periódico y sus medios de difusión llegó a ser una herramienta en manos de un líder sádico que canalizó las más oscuras pasiones de la masa popular en un torrente de pasiones desatadas.

BIOGRAFÍA DE JULIUS STREICHER:




Julius Streicher nació Fleinhausen (Baviera) en el año 1885. Durante su juventud trabajó como maestro de escuela de primaria en Baviera. En 1914, con 29 años, se alistó en el ejército y participó en la Primera Guerra Mundial, alcanzó el grado de teniente y fue condecorado con la Cruz de Hierro. Acabada la guerra con la derrota de Alemania, Streicher, resentido al igual que muchos militares, ingresa en la Schutz und Trutz Bund en 1919, una organización antisemita muy virulenta. Por toda Alemania surgen organizaciones paramilitares que se rebelan contra el caos imperante y la revolución bolchevique. Entre los militares se propaga la convicción de que el ejército ha sido traicionado y Alemania apuñalada por la espalda por los comunistas y los judíos.

En 1922 integra a sus seguidores en el partido nacionalsocialista de Adolf Hitler, absorbido por el “magnetismo” y carisma de aquel le sirve lealmente en los primeros y difíciles años del movimiento, era uno de los “Viejos Soldados”. Una ayuda que el futuro Führer nunca olvidó y que Streicher explotará de manera descarada a la hora de obtener beneficios. Fue recompensado con el puesto de Gautelier de Baviera del Norte, cargo que ejerció con un despotismo insufrible que le granjeó la animadversión de buena parte de sus funcionarios y otras autoridades. Las críticas le eran irrelevantes debido a ser en el partido uno de los mayores exponentes de una actitud muy cara a Hitler: el odio a los judíos, ganándose su protección pese a sus múltiples deficiencias. En sus artículos y en sus discursos Streicher exigía públicamente el exterminio de los hebreos.

Gustaba de presentarse como hombre culto y refinado, escritor de poesía y pintor dotado de talento, amaba a los animales y bebía muy poco. Sin embargo, era definido por sus correligionarios de partido como soberbio, prepotente, grosero, terco, imbécil (y otros apelativos no tan amables), mantenía a su vez enconadas enemistades con figuras destacadas del partido. Tenía fama de sádico y lujurioso. Solía recorrer su provincia con una fusta que blandía para amedrentar a sus subordinados y castigar a sus enemigos.

En cierta ocasión irrumpió en la cárcel de Nuremberg y golpeó con saña a un adversario en su propia celda, cuando terminó exclamó: "¡Ya estoy aliviado, como lo necesitaba!" Vivía obsesionado con el sexo y su propio vigor en este sentido. Solía asistir a su trabajo en bañador para hacer ostentación de su musculatura y estado físico. Tenía numerosas amantes y no guardaba reparos en intentar seducir a cualquier mujer que le resultara agradable, fue acusado en varias ocasiones de mantener relaciones con adolescentes. Poseía una enorme colección de pornografía con la que se entretenía durante horas enteras. Visitaba los campos de concentración para realizar entrevistas a los prisioneros sobre sus fantasías sexuales y se presentaba en las cárceles para interrogar a los delincuentes juveniles sobre la masturbación. En sus discursos no faltaban ataques blasfemos contra el clero y la Iglesia, críticas calumniosas contra los generales de la Gran Guerra, y expresiones tan soeces como inapropiadas dado el contexto. En una charla en 1940 ante mujeres jóvenes las exhortaba a seducir a hombres casados, diciendo expresiones como: "Toda mujer o señora que tenga escrúpulos en este sentido no es más, según lo veo, que una cerda completa".


En 1923 fundó el periódico antisemita Der Stürmer (el atacante), en la que ocupó el cargo de editor y propietario. La publicación aspiraba a convencer al público del peligro que representaba la raza judía en todos los ámbitos. Los contenidos consistían principalmente en artículos y viñetas difamatorios que culpaban a los judíos de todos los males padecidos por Alemania: la derrota en la guerra, la inflación, el hambre, el paro, la revuelta bolchevique espartaquista, y a menudo historias delirantes, como culpar a los hebreos de la explosión del dirigible Hindenburg. El periódico alcanzó una circulación máxima de 480.000 ejemplares en 1935. Su editorial publicó además varias cartillas antisemitas para niños, entre las que destaca Der Giftpilz (La seta venenosa), en 1938.

Tenía algunos temas predilectos que aparecían a menudo en las páginas del semanario. Uno eran los artículos que relataban asesinatos rituales cometidos por judíos, creencia extendida durante la edad media que suponía que durante las celebraciones de la pascua judía se cometían asesinatos de niños cristianos. Streicher presentaba este tipo de supersticiones como hechos demostrados (se utilizaron montajes fotográficos). Los escabrosos textos describían con detalle el sádico asesinato de niños cristianos por parte de los judíos, remarcando la inocencia de los primeros y la perversión y repugnancia de los segundos. Esta línea periodística provocó airadas protestas internacionales debido a la gravedad y falsedad de las acusaciones contra el colectivo hebreo. El otro gran tema eran los relatos pornográficos, donde judíos adinerados y prepotentes seducían a sus jóvenes criadas nórdicas, secretarias, pacientes, etc, y las obligaban a practicar todo tipo de sevicias sexuales. Estos relatos se acompañaban de minuciosas descripciones y parece ser que eran leídos con avidez por cierto público particular.

En su primera época incluso la jerarquía nazi se desmarcó de la línea antisemita del diario debido a su escandaloso contenido. El periódico fue prohibido antes de que los nazis llegasen al poder y fue puesto en circulación de nuevo en 1933, con la subida de los mismos a la jefatura del Estado. Hitler defendía contra toda crítica al editor por su concomitancia de criterios y por ser un fiel ejecutor de su política racial, según sus propias palabras le encantaba Der Stürmer y era él único periódico que leía íntegramente. Esto, dicho sea de paso, no dice nada bueno del nivel cultural y mental del canciller alemán.

Con el Partido Nacionalsocialista en el gobierno Streicher pudo llevar a la práctica sin obstáculos su programa antisemita. Desde su cargo de gautelier en Franconia prohibió a los judíos la entrada en restaurantes y cafés, e intentó por todos los medios obligarles a vivir en guetos. Poco después fue nombrado director del Comité de Defensa contra la Atrocidad Judía y de Campaña de Boicot. Desde este puesto dirigió el boicot antisemita contra las tiendas y establecimientos judíos. En su periódico se publicaba una columna (“El Paredón”) con fotografías de todos los alemanes que compraban en tiendas judías, así como datos afiliativos de los “traidores”. Se publicitan todas las denuncias anónimas llegadas desde numerosos puntos de Alemania con referencias a noviazgos o relaciones “prohibidas” entre judíos y no judíos. Básicamente, todo suceso enmarcado en la dinámica consuetudinaria que tocara de manera directa o indirecta a los judíos era tergiversado, exagerado y manipulado con el objeto de indisponer al público en su contra.

A través de todas sus palabras y de sus actos Streicher autoasumió el título de Cazador de Judíos Número Uno de la Alemania Nazi. Fue el instigador y coautor de las leyes raciales de Nuremberg, que prácticamente expulsaron a los judíos de toda posibilidad económica y asistencial en Alemania, así como se penalizaron duramente las relaciones de pareja de judíos con arios.

En el año 1938, fiado de la seguridad que le proporcionaba su ascendencia con Hitler, cometió un error de cálculo, ofendió gravemente a Göring al afirmar en uno de sus periódicos que uno de sus hijos había sido obtenido por inseminación artificial debido a la impotencia física del mariscal del aire. En el ranking de favoritismos de Hitler, Göring estaba en un peldaño superior, había sido un famoso héroe durante la guerra y un as de la aviación que dirigió la escuadrilla de Von Richtoffen (el Barón Rojo) a la muerte de aquel en combate aéreo. Pertenecía también al círculo de los “Viejos Soldados”. Con porte aristocrático, mantenía numerosas amistades con miembros de la alta sociedad europea; era orgulloso y de una vanidad pueril, sin embargo su fidelidad a Hitler estaba más allá de toda duda y era uno de sus colaboradores más próximos.

Streicher tenía la batalla perdida. Fue formalmente acusado de haberse apropiado fraudulentamente de muchas propiedades judías transferidas al estado en virtud de las leyes de Nuremberg y tras el pogrom de la Kristalnaght (noche de los cristales rotos). Göring mismo creó una comisión de investigación que halló culpable a Streicher de numerosas irregularidades y apropiaciones en la gestión del patrimonio recientemente adquirido. Otro cargo muy grave fue haber revelado en sus discursos preparativos bélicos alemanes considerados de alto secreto.


Con la reluctancia de hitler, que hubo de escoger entre Streicher y Göring, fue destituido de su cargo como Gauleiter en 1940 y se retiró a una mansión en los alrededores de Nuremberg, donde permaneció durante toda la guerra. A pesar de ello continuó dirigiendo su periódico y patrocinando otras actividades antisemitas. Su asociación con Hitler siguió siendo estrecha, a los pocos meses, y quizá como acto de desagravio y consuelo, el mismo Führer lo visitó en su retiro con motivo de su cincuenta cumpleaños.

Finalizada la guerra con la derrota de Alemanía, Streicher, con 60 se oculta en una casa rural de las montañas bávaras, se deja crecer la barba y se hace pasar por pintor artístico. Todo inútilmente, denunciado por otros ciudadanos, fue reconocido y detenido el 23 de mayo de 1945.

En los Juicios de Nuremberg fue acusado de de crímenes de guerra y contra la humanidad por el Tribunal Militar Internacional. Se declara inocente y afirma que “este juicio es un triunfo del judaísmo mundial”. Los otros jerarcas nazis lo desprecian y rechazan mantener cualquier tipo de vínculo con él. El periódico que editara durante tantos años se emplea ahora como prueba irrefutable de las acusaciones. Fue declarado culpable y sentenciado a muerte. La sentencia alegaba que si bien era posible que no estuviese involucrado en la comisión material del Genocidio, lo había alentado y conocía los hechos que se producían en la Europa del Este y en los campos de exterminio. Se consideró que había estimulado todos aquellos crímenes envenenando la mente de los ejecutores y contribuyendo al holocausto con su agresiva campaña. Su ejecución en la horca tuvo lugar el 16 de octubre de 1946. Sus últimas palabras fueron: "Algún día los bolcheviques os colgarán a vosotros".

ANÁLISIS GRAFOPSICOLÓGICO DE PERSONALIDAD DE JULIUS STREICHER:

Es algo corriente que el lector no versado en grafología piense que los rasgos de personalidad descritos se extraen de los datos biográficos provenientes de unas y otras fuentes. Nos crean o no, el hecho cierto es que la grafología es un test proyectivo de una fiabilidad extraordinaria en manos de un experto en la materia. El lector profano puede tener la absoluta garantía de que estos rasgos se extraen del análisis grafopsicológico de la escritura de Julius, aunque se cotejen, como es lógico y natural, con lo datos históricos que tenemos del personaje.

Amén de esto, el especialista en grafología que desee comprobar las tendencias de personalidad que aquí se detallan ha de tener presente que la escritura de Julius es una cursiva caligráfica alemana de principios de siglo, muchas de cuyas letras difieren ostensiblemente con el modelo latino y al cual estamos acostumbrados.

Traduccion del texto manuscrito: “Rekenhorf, 25, 6, 40. Atentamente a Frau Zinen. Me has alegrado mucho. Espero corresponderte alguna vez. Con afectuosos sentimientos a ti y a tu marido. Streciher.”

Rasgo esencial dentro de la personalidad de Julius Streicher, sin el cual es imposible entender su conducta, es el intenso resentimiento que en ocasiones embarga al personaje, un ávido deseo de venganza que se levanta incontenible y que busca un resarcimiento total: la destrucción del oponente sin importar medios ni sistemas. En su escritura este rasgo está intensamente representado. Julius jamás olvida a los que le han ofendido, despreciado o perjudicado, su mente turbia y activa buscará inexorable las herramientas de su venganza, su odio inmisericorde hacia sus enemigos no conoce límites y traspasa la barrera de lo proporcional.

Según lo dicho y basándonos en otros rasgos, es probable que Julius haya sufrido alguna afrenta o perjuicio por parte de un hebreo en el pasado, y que fuera tal perjuicio el que ha generado su rencor hacia la comunidad semita. Otros especialistas han sugerido la posibilidad de que la sospecha de tener algún ancestro judío agudizara su intolerancia (como le sucedía a Hitler y Goebels), pero el hecho es que su animosidad hacia los hebreos no conocía límites.

Hay que tener en cuenta, además, la tradición antisemita popular europea, muy arraigada en la Alemania de entonces y con todos los aditamentos negativos que el vulgo, con mayor o menor acierto, asignaba a los judíos (segregacionismo, endogenia, mercantilismo, favoritismos interétnicos, acaparamiento de bienes, etc), tampoco hay que olvidar toda la abundante literatura y propaganda antisemita producida en países como Alemania, Rusia o Austria, durante el siglo XIX y principios del XX.

No obstante, en la escritura de Julius también se detecta su fidelidad al pasado y a las tradiciones. Julius fue un brillante suboficial varias veces condecorado en la primera guerra por su valor y entrega. El rígido estamento militar prusiano, el Kaiser, la idea de una Germania poderosa y grande, debieron ser para él un ideario anclado a su mente con las cadenas del convencimiento más absoluto. Con la derrota vino el trauma y el contundente golpe anímico. No estará de más que llegado a este punto hagamos una breve digresión histórica para detallar al lector ciertos apuntes fundamentales que ayudan a comprender la evolución de Julius, ciertamente este apartado tendería que haber sido ubicado en la revisión biográfica, pero nos parece oportuno incluirlo aquí.

En el año 1918, el alto mando del ejército alemán, en una maniobra hábilmente dirigida por el canciller Ludendorff, buscó una salida evasiva para eludir su incapacidad militar y su falta de expectativas de victoria. El poder fue traspasado al partido socialdemócrata y fue el nuevo canciller, Friedrich Ebert, quien pactó con los vencedores el armisticio y firmó el humillante Pacto de Versalles (1919). El soldado convencido y fanático no vio, por consiguiente, que tales compromisos humillantes habían sido impulsados desde los altos mandos militares que intentaban impedir el inminente derrumbamiento del frente alemán, abrumado ante la llegada masiva de soldados americanos e ingentes cantidades de armamento del más alto nivel. Austria, Turquía y Bulgaria habían abandonado, derrotadas y hundidas, la lucha, Alemania estaba sola ante la arrolladora potencia industrial y humana de las potencias occidentales unidas.

Muchos soldados germanos no vieron estas cuestiones, sólo vieron, en la debacle de Alemania post-bélica, a los políticos de izquierdas firmando el humillante compromiso, vieron la caída del Kaiser y el orden establecido, a los revolucionarios espartaquistas alzarse en armas y levantando consejos revolucionarios por todo el país, a la república de los consejos tomar el poder durante pocos meses en Baviera. Y entre aquellas figuras que ahora se levantaban había muchos dirigentes y voluntarios judíos (Rosa Luxemburgo, Kurt Eisner, Eugen Leviné…).

Para el militar tradicionalista, a juzgar por la aparente progresión de los hechos, la respuesta estaba clara, y esta respuesta tan clara no era otra que la promovida en última instancia por el alto Mando militar con Ludenndorf a la cabeza: Desde la afirmación “El ejército Alemán no ha sido derrotado, han sido los políticos quienes han firmado la derrota”, hasta la otra afirmación: “¡Alemania no ha sido derrotada, ha sido apuñalada por la espalda por los judíos y los comunistas!”, había sólo un paso, y ese paso se dio en la mente de muchos alemanes. Y rápidamente, al igual que ocurriera en el siglo XIII, cuando se culpó a los judíos de la peste negra y comenzaron los progroms y las persecuciones, el rumor falso e insidioso se propagó entre las filas de muchos militares apesadumbrados.

Streicher, aferrado a la tradición militar, a los usos y costumbres del pasado, fiel e inamovible a sus ideas y principios, debió sufrir un trauma muy fuerte. Incapaz de explicar lo inexplicable, después de cuatro años sufriendo entre la sangre y el barro, la muerte y las trincheras, hizo suyos los rumores que se propagaban. Sin descartar otras causas posibles, lo cierto es que la explicada en líneas anteriores puede justificar buena parte del feroz antisemitismo de Julius.

Observará el lector en la escritura esas líneas rígidas y proyectadas con decisión hacia la derecha, esa inclinación tan paralela de los ejes y esos cambios de dirección angulosos. Ciertamente la perseverancia y la constancia fueron sin duda saludables virtudes en el ciclo existencial de Julius, tales aptitudes se manifiestan de manera sobrada en la escritura, pero enturbiadas por un maremagnum de emociones subjetivas y primarias.

El discurso mental e intelectivo de Julius es ágil y rápido, pero limitado por la rigidez de sus ideas. En su esquema de pensamiento no existen ambigüedades, matices ni puntos intermedios, todo es blanco o negro, bueno o malo, cielo o infierno, mis ideas y las ajenas. Una visión maniquea de la realidad clasifica el mundo conforme un rígido dualismo. Julius es incapaz de aceptar planteamientos ajenos a su modo de pensar, sus categorías mentales son inamovibles, las críticas hacia su concepción de la realidad se estrellan estrepitosamente contra su granítico pensamiento. Pero al mismo tiempo, Julius está preso de sus virulentas emociones y de vehementes subjetivismos. Una vez su esquema de pensamiento asume una afección con respecto a algo o alguien, esta se integra de manera inexorable e inmutable en su concepción de la realidad.

En todos los fenómenos oscuros del mundo, en todos los sucesos luctuosos que sacuden la dinámica socio-política de su País, Julius siempre verá la mano del sionismo moviendo los resortes de la malignidad. No existen dudas ni fisuras en su cognición, no se objetivan ni analizan los hechos concretos. Su mente monolítica adopta de antemano las premisas inviolables que explican todos los fenómenos. Su discurso racional es una serie de silogismos que giran sobre sí mismos, integrando premisas y conclusiones que siempre son homólogas: “¡El judío es la causa de todos los males!”.


Lo que en verdad no se le puede achacar es su falta de dinamismo. En su personalidad prima la acción frente a la reflexión, el impulso frente al examen, el ataque directo frente a la relación armónica.

Su análisis de la realidad es una oscura caverna donde los hechos se interpretan de forma prefijada según inmóviles esquemas. Aquellos fenómenos que supongan un elemento disonante respecto tales esquemas se rechazan o se tergiversan. Sus ideas priman sobre los otros de manera incontestable sin que le intimide la categoría intelectual o jerárquica de su oponente o contertulio. Un yo pujante y combativo impone sus criterios al medio, cualquier argumento crítico es ignorado y despreciado, o peor aún, tomado como una ofensa que provocará un ataque directo por parte de Julius. Las carencias académicas o la ignorancia subyacente son irrelevantes.


El orgullo de Julius es desmedido y responsable en buena parte de sus extravagantes alardes físicos y sexuales. Algo que le permite su buen potencial psicofísico, vemos en su escritura unos trazos firmes, tensos y plenos, insaturados y con un vistoso relieve. La ausencia de temblores y otras anormalidades confirman su buena disposición neuromotora. En todo momento buscará afirmar su potencial somático en el contacto con sus allegados y posibles consortes sexuales, aumentar los niveles de su autoestima exhibiendo sus cualidades. Su forma de enfocar las nuevas amantes y conquistas será como la del cazador orgulloso que expone sus trofeos.

Si lo desea, Julius puede presentarse también como una persona educada y correcta, cierta espontaneidad en el trato hará sentirse cómodo a su contertulio, no obstante, su estrategia es la imposición, sus carácter promoverá que en muchas ocasiones valore las relaciones interpersonales desde el punto de vista del interés personal, sin que ello suponga un menoscabo constante de las elementales normas de la cortesía, depende del día, su estado anímico y la transferencia emocional que recibe del otro. En ocasiones, especialmente con aquellos que le suscitan simpatía, Julius será generoso y desprendido.

Julius ejercerá su liderazgo desde la óptica de la ambición, un egocentrismo primario acentúa de manera muy intensa su despotismo y arbitrariedad. Su desmedido ímpetu personal, complementado con su indiferencia a los modos de pensar ajenos, ofrece el resultado de una insoportable convivencia para muchos de sus colaboradores y subordinados. Todo el mundo habrá de adaptarse a su incontenible personalidad. Su liderazgo será el marco perfecto para el paisaje de sus asumidas atribuciones. No extraña, por consiguiente, todas las disputas que mantuvo con Adolf Hitler, diversos líderes nazis y autoridades destacadas de la provincia a su cargo. Aquel fue un gobierno conflictivo de un hombre que administraba para sí mismo y no para los otros.

Ala hora de valorar la jefatura de Julius comprobamos que no se corresponde enteramente con el listado de rasgos de liderazgo patológico presentado al inicio de este artículo (algo que sí encontramos sobradamente en Hitler), aparte de algunos ítems bastante claros (como el 2, 6 y 11), la verdad es que faltan algunos de los rasgos propios de los líderes tiránicos. La razón es que Julius se quedó en la primera fase del liderazgo, la de la prepotencia, satisfacción por el mando, placer al ser obedecido, rol, status, etc. Estaba seguro en su puesto debido a sus buenas relaciones con el mandatario supremo, y se despreocupó de muchas cuestiones que atañen a otros líderes y que tienen que luchar con adversarios que cuestionan o pueden cuestionar su jefatura.



Hay diversos puntos, no obstante, que se relacionan con bastante intensidad con la conducta de Streicher (el 13 y el 14). Los esfuerzos constantes y obsesivos que tanto él como Hitler realizaron para incrementar y encauzar el odio de las masas hacia los judíos, la forma de despersonalizarlos, presentarlos como monstruos y criminalizarlos es algo que apenas tiene parangón en la historia.

¿Pero suponía realmente la población judía un peligro para Hitler? Después del incendio del Reichstag (1933) y las leyes de Nuremberg (1935) la comunidad judía en Alemania fue relegada y desprovista de todo su poder económico y político; en realidad tales disposiciones fueron perjudiciales debido a que muchos hebreos eran eminentes científicos e ingenieros de la Industria alemana, de hecho, hubo casos especiales en donde los nazis transigieron, y aceptaron que siguieran en su puesto insustituibles especialistas que realizaban funciones primordiales en la industria alemana. Pero a pesar de esto la comunidad judía fue desbordada y apartada, con todos sus integrantes en fase de emigración a otros países y destinos, sin embargo, las soflamas y las invectivas de Hitler y Goebbels contra los judíos siguieron incesantes, la imprenta de Der Stürmer no paró de inyectar su veneno cargado de resentimiento contra la raza “maldita”.

En el verano de 1944 los aliados desembarcaban en Normandía, el ejército soviético avanzaba hacia el corazón de Europa y barría a la exhausta Wehrmacht de todos los frentes, mientras tanto el Tercer Reich gastaba abundantes recursos, hombres y tiempo (que hubieran podido emplearse en el esfuerzo bélico) en trasladar a las cámaras de gas a millones de judíos y otros colectivos de la Europa ocupada. Desde el punto de vista de los intereses militares perentorios el genocidio fue contraproducente en aquel momento, ¿qué razón había, por ejemplo, para trasladar a unos pocos cientos de judíos de la isla de Corfu, en Grecia, para asesinarlos en un remoto campo de Polonía? Y así en otros muchos lugares de la Europa ocupada. No obstante, las autoridades nazis (Hitler), a pesar del giro contrario de los acontecimientos y desbordadas por tantas brechas abiertas, intensificaron su esfuerzo para la “Solución final”, aún cuando tales actividades eran irrelevantes en lo que atañía a sus posibilidades de ganar la guerra.

A partir del año 1935 los judíos no suponían un especial peligro para Julius y Streicher en lo que a la estabilidad de su liderazgo se refiere. Su encono antisemita supone un trastorno psíquico concomitante pero diferente del que afecta propiamente a los líderes tiránicos y patológicos, tal como veremos más adelante.

Diversos grafólogos (B. Andress, J. Allende, A. Vels o J. Tutusaus) han confeccionado excelentes listados de rasgos gráficos característicos de patologías psíquicas y conductas desviadas. Observe el lector en la escritura de Julius esos ángulos tan marcados en la base de las letras, esos trazos triangulares inferiores tan firmemente presionados, los finales puntiagudos al final de los trazos que se proyectan hacia arriba, los puñales impetuosos de los acentos y otros signos de puntuación. En Julius, más que un síndrome psicopático lo que encontramos son numerosos rasgos escriturales de sadismo, y como todo impulso sádico viene emparejado a una afirmación yoíca incapaz de sublimar la energía biológica por otro camino que no sea la agresión a terceros o a sí mismo). Sin embargo, este impulso mórbido es susceptible de ser canalizado preferentemente hacia aquellos que directamente le han perjudicado o pretendido perjudicar en uno u otro sentido. Dadas las condiciones, los agudos e intensos sentimientos de rencor se disparan como la bala accionada por el percutor; su consciencia cegada por el odio apenas discernirá límites a su acción, rebasará las fronteras que delimitan lo que es pertinente de lo que es posible. Su primario instinto activará sus aptitudes intelectuales para llevar a cabo sus objetivos de venganza.



Y da la casualidad de que Julius es editor y propietario de un periódico, esa es su herramienta y su instrumento, el arma que esgrimirá de la forma más contundente posible para aniquilar a su enemigo. Julius seleccionará los contenidos, las colaboraciones, las ilustraciones y reportajes, y participará activamente escribiendo numerosos artículos y editoriales.

Nosotros para hacer este trabajo hemos leído numerosos artículos y editoriales de Der Stürmer, y desde el principio nos llamó la atención la forma tan insidiosa de atacar sin importar la manera o el asunto, la cosa es buscar cualquier asidero, por nimio e incongruente que sea, para justificar el ataque contra los judíos. Algunos argumentos son de una banalidad absurda, tergiversada e ilógica en sumo grado. Pero lo llamativo es la agresividad primaria de esta acometida periodística, como si las páginas impresas y los textos redactados fueran insuficientes para contener toda la carga de odio salvaje que embarga al autor del semanario.


Der Stürmer es en esencia la proyección de un sádico cargado de resentimiento. Sin embargo, ¿A qué viene tanto relato pornográfico acerca de inocentes vírgenes seducidas por pérfidos y lascivos hebreos? ¿A que viene tanta fijación con estos temas? Ya dijimos que su inclusión en el semanario no dice nada bueno del nivel mental de su editor. Se puede pensar lisa y llanamente esto mismo, que aquel es un pervertido obsesionado con estos temas (y es verdad); también se entiende, como es lógico, que con estos relatos se pretende crear rechazo hacia los judíos por parte del público alemán; es posible además que Julius pensara que con la pornografía iba a vender más ejemplares. No obstante, para muchos investigadores la causa de la pornografía es la misma que la apuntada más arriba, tanto Hitler como Streicher sufrían fantasías con tenebrosas escenas de depravación judía que procedían, en última instancia, de sus propias ansiedades obsesivas.

La Proyección psicológica es un mecanismo de defensa yoíca por el que se atribuyen a los otros motivaciones y deseos que por regla general se rechazan o no se reconocen en uno mismo; es decir, una pulsión subconsciente inaceptable para el Yo se proyecta al exterior en forma de críticas a la amoralidad ajena que realiza los mismos actos que nosotros. Consiguientemente, se produce un descenso de la presión superyoica al justificar nuestra propia conducta debido a su generalización en el medio externo. El pervertido sexual, el funcionario corrupto, el egoísta, el violento, el calumniador, etc, se consuelan a sí mismos pensando que todos los demás son semejantes a ellos.

En la página WEB de la Asociación de Grafoanalistas Consultivos hemos encontrado un listado muy bueno de los rasgos escriturales propios del mecanismo de proyección, y hemos detectado numerosos de tales rasgos en la escritura de Julius. El experto grafólogo lo comprobará por sí mismo.

Lo que Julius hace en Der Stürmer es proyectar en los hebreos sus propias inclinaciones viciosas, la intensidad de sus acusaciones es proporcional a sus degradadas perversiones y deseos. Durante toda su vida como editor no dejó de satanizar a los judíos como promiscuos y lascivos cuando en realidad él fue un ejemplo flagrante y vergonzoso de tales conductas. Esta proyección no engloba solamente el componente sexual, el semanario también dedicaba gran atención a la codicia de los judíos, a su enorme deseo de dominar el mundo, su malignidad perversa a la hora de promover guerras y cometer asesinatos de niños e inocentes. La ambición desmedida, la acaparación, el egoísmo, el sadismo, todo ello está en la escritura de Julius y se corresponde perfectamente con muchas de sus actuaciones, recordemos que él mismo pidió en varias ocasiones la aniquilación total de los judíos, lo que explicaría la propaganda acerca de los asesinatos rituales durante la Pascua judía. Der Stürmer es la imagen especular, disfrazada de judaísmo, del pensamiento y amoralidad de Julius, el acantilado por donde se arrojan sus fantasmas y demonios, sólo que en el caso de Jesús el exorcismo se consuma, los cerdos se ahogan y los demonios desaparecen, en Julius siguen estando presentes.

Alberto Angoso García

2 comentarios:

Fernando Pérez Pacho dijo...

Impresionante artículo. El contenido es absorvente. No conozco los métodos de la grafología, pero ha conseguido interesarme y engancharme. Felicidades.
Fernando

Gomberoff dijo...

Bueno, la forma en que se desarrolla el anlisis no es muy diferente de los escritos y publicaciones que tanto se atacan en el articulo mismo.
Se utilizan las mismas armas y argumentos para descalificar que utilizaba el mismo Streicher.

En fin, que mas se puede esperar de un psicologo.

Saludos, colega.

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