miércoles, 24 de diciembre de 2008

Escena del Crimen. Como hacer evidente lo oculto.



En la escena del crimen, toda evidencia debe ser minuciosamente estudiada. Esta decisiva labor será llevada a cabo por profesionales en criminalística y médicos forenses. Lo que a simple vista está oculto, para ellos, son pequeñas piezas de un rompecabezas que una vez completo o casi completo, conducirán al esclarecimiento del delito. ¿Cómo se recopila la información en una escena del crimen?¿Cuáles son las pistas a las que recurren estos profesionales? ¿Qué tecnología es usada para ello?


La medicina forense lleva tiempo intentando atar los cabos sueltos de algunas muertes inexplicables. Crímenes pasionales, suicidios, asesinatos enigmáticos... muchas son las páginas escritas gracias a esta ciencia. Ya en 1910 y según el médico francés Edmond Locard, padre de la criminología, todo acto ilegal siempre dejaba un rastro en el lugar. Y cuando este rastro está directamente relacionado al hecho, se convierte en evidencia que a veces es imperceptible, de allí se derivan la importancia de la capacidad perceptiva del profesional y el hecho de que sea toda una disciplina de rigor científico.

Como primera medida se documenta todo el escenario del delito, mediante fotografías, filmaciones y croquis. Los investigadores examinan el territorio en forma de cuadrícula, espiral o haciendo un recorrido lineal como un granjero ara un campo. Buscan y recolectan cuidadosamente todo tipo de muestras, aunque sean microscópicas, de cabello humano o animal, fibras de ropa, manchas, tierra, pintura, marcas en objetos e incluso olores. Es la ingeniería y la física forense las que analizas todo ello. Una de las pistas o claves a las que los especialistas en criminología recurren son las huellas digitales: diseños virtualmente únicos conformados por valles y crestas en la piel que debido al sudor y grasitud presente en manos y dedos, quedan marcadas en todo lo que ha sido tocado en la escena. Para revelarlas se recurre a polvos químicos que nos permiten hacer visible la huella dactilar para que pueda ser preservada y cotejada.

Es necesario utilizar reactivos muy sensibles a algún componente de la huella y que formen derivados coloreados que permitan su visualización. La localización de huellas latentes es especialmente difícil cuando se encuentran sobre superficies porosas y la dificultad es todavía mayor si son antiguas. En el caso de las huellas labiales, la presencia de lípidos en ellas hace posible su revelado utilizando compuestos del tipo de los lisocromos. También se utilizan lectores que llevan a cabo dos tareas; obtener una imagen de la huella digital y comparar el patrón de valles y crestas de dicha imagen con los patrones de las huellas que se tienen almacenadas.

Históricamente, la argentina Francisca Rojas fue la primera persona condenada por asesinato a través de la evidencia de las huellas dactilares.Era el primer delito en que se aplicaron las teorías de Vucetich.En 1892, Rojas asesinó a sus dos hijos y se cortó la garganta para fingir un ataque. Aunque las primeras investigaciones culpaban a un vecino, en el último momento la policía encontró en la escena del crimen una huella dactilar ensangrentada que correspondía a la mujer.

Aquella tarde de 1892 un cuchillo atravesó el cuello de Ponciano y Felisa Caraballo de 6 y 4 años respectivamente. Horas después el padre de familia, que había marchado de casa tras tener una acalorada discusión con Francisca, acudió al lugar encontrando el dramático escenario.
Francisca se hallaba tambien herida, y segun sus palabras la culpa era de su compadre Ramón Velazquez .

Ramón fue detenido y sometido a largas sesiones de tortura para que confesara la autoría de sus crímenes, pero únicamente lograron hacer salir de su boca las palabras "Soy inocente" !!!

Pero posteriores reconocimientos de Francisca por parte de los forenses y las impresiones digitales , que por aquella epoca eran una iniciativa que despertaban mas desconfianza que admiración, sirvieron para condenar a Rojas del doble asesinato. Así se convirtió Francisca Rojas en la primera persona a la que condenaron sus huellas.


Las pisadas también son de utilidad. Ya sea barro, polvo o sangre, la huella se puede registrar usando hojas de una especie de cinta adhesiva, y el material recogido brinda información sobre el lugar de procedencia del individuo y también revela el tamaño y estilo de calzado usado.


Aparte de las huellas, se recurre al estudio de la salpicadura de manchas de sangre, toda evidencia de ésta es sometida a un análisis de ADN pero más allá de ello, el lugar donde se halla la sangre, el tamaño de las gotas, ayudarán a recrear los movimientos de la víctima y su victimario, e incluso determinar de qué altura cayó la sangre y la forma de la gota determinará el ángulo de impacto.

La balística se encargará de las balas y cartuchos hallados en el lugar ,que también son devital evidencia, ya que indicarán mediante el estudio del impacto en el blanco, qué tipo de arma se utilizó, la distancia y ángulo del tiro y la trayectoria y número de disparos. También se usarán en el sospechoso técnicas de análisis para detectar restos de pólvora y determinar si ha sostenido un arma recientemente.

Si existe algún tipo de nota o escrito en la escena, se recurre a peritos grafólogos para comparar la letra con la de posibles sospechosos, ya que ésta es única en cada individuo. Es la grafística la que practica las pericias caligráficas y también determina la autenticidad o falsedad de la escritura y grafismos, principalmente manuscritos y firmas. También usando un espectrómetro infrarrojo los científicos podrán incluso especificar el tipo de tinta utilizada. Referido al lenguaje, todos los testimonios orales que pueda dar un sospechoso son objeto de la lingüística forense que analiza las variables en la expresión, el estilo y la retórica que son particulares de cada individuo.

La pericia socio-lingüística capta determinados elementos identificativos en las expresiones y la construcción gramatical y también la verdadera intencionalidad de lo relatado en testimonios o mensajes escritos. Gracias a esta disciplina se puede diferenciar entre verdaderos escritos por ejemplo de terroristas, o simulaciones, ya que cada persona posee una forma única de codificar y decodificar el lenguaje.

Por otro lado el cuerpo de la víctima revelará gran parte de la información necesaria. En lo que forma parte de la antropología forense se determina la edad, raza, sexo y se reconstruye la apariencia facial a partir de los restos en el caso de un esqueleto. Mediante fotografías y programas de computación específicos, se logra la reconstitución facial o el progresivo envejecimiento de una persona.


Por otra parte el médico forense estudiará cuidadosamente tres puntos fundamentales a través de la autopsia: la causa de muerte: golpes, contusiones externas, estado de los órganos, fibras halladas en el cuerpo así como también si hay evidencia de alcohol, drogas o veneno. La manera en que se dio la muerte generalmente responde a cuatro rótulos: suicidio, homicidio, muerte natural o accidental. Si bien esto es bastante claro de determinar, los investigadores deberán indagar para estar seguros de que no fue un homicidio disfrazado de suicidio. Se determinará la hora o el momento de la muerte, la temperatura del cuerpo, el rigor mortis, el estado del cadáver y la presencia y estudio de insectos, objeto de la entomología forense, ayudan a que los investigadores determinen cuándo ocurrió la muerte.

El estudio de la dentadura humana que realiza la odontología forense es también un elemento para identificar. Los odontólogos contrastan archivos existentes con cualquier marca de mordisco que se encuentre en la escena del crimen o los comparan con los dientes de un cuerpo sin identidad. Esta técnica, en 1849 se usó por primera vez para identificar cuerpos después de un incendio en la Ópera de Viena.

Pero el elemento fundamental en la investigación de un crimen es la identificación del ADN, usado por primera vez en 1986, para solucionar el crimen de dos chicas en Leicestershire, Inglaterra. Consiste en aislar segmentos de la cadena de ácido desoxirribonucleico y detectar variaciones individuales. En algunos delitos como las violaciones, no hay muchas veces evidencia de huellas, pero el ADN que puede ser extraído de cabello, sudor, saliva, sangre, esperma, restos óseos, pulpa dentaria, tejidos blandos y uñas, es una manera segura para identificar al agresor. La habilidad para extraer células de los fluidos del cuerpo o de tejidos y usarlos para identificar una persona es uno de los pilares de la criminalística. El ADN sólo se encuentra en células que tienen un núcleo, por ellos dientes y largo de cabello no pueden utilizarse, lo que estos poseen es algo llamado ADN mitocondrial, una forma primitiva de código genético heredado sólo de la madre.


Uno de los grandes desafíos que enfrenta la criminología es lograr un banco de datos nacional que registre las huellas digitales y el ADN de cada sujeto que comete un delito. Algunos de estos sistemas como el CODIS (por sus siglas en inglés, sistema indexado combinado de ADN) establecido por el FBI en 1987 y el IAFIS (sistema de identificación automático integrado de huellas digitales) ya existen en los Estados Unidos, donde 43 estados tienen el banco de identidad de todos los delincuentes. El objetivo actual es alcanzar a través de la informática, su integración y uso a nivel nacional.

Inventado por técnicos ingleses, herramienta de uso común para Scotland Yard y el FBI, el CODIS permite relacionar en segundos el ADN de cualquier persona con el de toda muestra que haya sido cargada alguna vez en su base de datos. Un violador, por ejemplo, puede ser vinculado así con casos anteriores en los que se hayan recogido pruebas. O, aun sin tener un sospechoso, se puede saber si hay un mismo autor detrás de distintos hechos.

"Una de sus ventajas es que no hace falta conservar la muestra física (el frasco con sangre, por ejemplo, que se va a agotando en cada análisis), ya que el código de ADN está cargado en el sistema".

"Otro avance es que hasta hoy los cotejos entre muestras de uno y otro caso sólo se hacen por 'ojímetro', porque a alguien se le ocurre que puede haber coincidencias. El CODIS, en cambio, hace comparaciones con todos los casos que hay en su base de datos. Y en segundos".

Por supuesto que este minucioso trabajo no sería posible sin la tecnología moderna. Desde programas de ordenador que convierten vídeos de vigilancia poco claros en imágenes digitales, hasta scanners químicos que prueban la evidencia y controvertidos sensores que analizan las ondas cerebrales de un sospechoso para verificar lo que sabe y lo que verdaderamente no sabe.

Igualmente sorprendentes son las máquinas de cromatografía de gases (reacción química de una sustancia) y espectrometría de masa. Para hacer un test de un trozo de evidencia cuya composición no se conoce, se la pasa por la máquina de cromatografía, una especie de horno en donde se logra evaporación, luego el gas es conducido a una estructura con diferentes químicos que hacen que los componentes reaccionen a diferentes rangos, éstos son luego separados por su peso atómico y convertidos en un gráfico, el que luego es comparado con referencias de materiales, de lo que surge qué material está en cuestión.

El inconveniente que presentan estas técnicas es que para analizar la evidencia hay que destruirla, pero investigadores del California 's Lawrence Livermore National Laboratory han demostrado que con un equipo de radiación especial, se puede liberar energía infrarroja y analizar el espectro de su reflejo sin dañar la muestra. También se está tratando de usar hardware infrarrojo para analizar la composición de los aceites presentes en las huellas digitales, lo que permitiría que un delincuente no sólo sea identificado por sus huellas sino por la composición química de las mismas también.

Quizás una de las técnicas más futuristas sea el procedimiento conocido como “huellas digitales cerebrales”, su fundamento es que cuando el cerebro procesa una imagen que reconoce, emite impulsos eléctricos diferentes a los emitidos al ver una imagen nueva, estas ondas pueden ser detectadas a través de sensores en el cuero cabelludo. Una respuesta positiva en el análisis de estas ondas, podría significar que el sospechoso estuvo allí.

En conclusión y como sostuvo el Sherlock Homes francés, Edmond Locard, “los restos microscópicos que cubren nuestra ropa y nuestros cuerpos son testigos mudos, seguros y fieles, de nuestros movimientos y de nuestros encuentros.” Restos que la ciencia y la astucia profesional lograrán hacer hablar hasta esclarecer crímenes, accidentes y misterios.

Bastará con dejar en el lugar un minúsculo elemento como un trozo de cabello para así corroborar que cada delito, definitivamente, tiene la huella personal de quien lo cometió.


FUENTES

http://www.diariohoy.net/
http://www.cedepapedu.org
http://www.time.com
http://www.elmundo.es
http://www.criminalistaenred.com.ar
http://grafologiauniversitaria.com

1 comentario:

Revista semanal virtual SAFE WORLD dijo...

Impresionante, la criminalística es una disciplina que casi se convierte en magia en manos expertas y sin embargo es pura ciencia
Enhorabuena por el blog

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